Laura y Dino 050 (1)

Montt

 

Ayer hizo seis años que elegí una plantilla de WordPress, le planté el nombre Zumo de Empleo, y sin tener ni idea de dónde me iba a llevar, escribí mi primer post.

Y aunque ando como pollo sin cabeza porque estoy en pleno lanzamiento, por otra parte están siendo días de mirar atrás y ver el camino que he recorrido. Y me apetece compartir contigo parte de esa historia, parte de lo que ha ocurrido y ha hecho que esté hoy aquí.

Hoy me desnudo (virtualmente) un poco para que me conozcas mejor. Porque quiero que sepas cuánto aprecio que estés ahí, que me dejes un hueco en tu vida, que me escuches – y qué narices, que me permitas vivir de esto (si te sientes mal por no haber aportado aún nada a este último punto, aún no es tarde!!! 😛 ).

Cuando miro atrás y veo todo lo que ha pasado para que esté exactamente en el punto en el que estoy ahora, me doy cuenta que todo tiene sentido – que puedo unir los puntos. Entiendo cómo cada paso me ha ido cambiando, cómo ha ido influyendo en mi camino… aunque para serte sincera, la mayor parte del tiempo no entendía nada de nada.

Pero hoy estoy inmensamente agradecida por haber llegado a sentirme con la libertad de poder ser la persona que yo elijo ser, y hacer lo que yo elijo hacer. 

Un día alguien me dijo que le había llamado muchísimo la atención que menciono con frecuencia a mis padres en mis posts, y que eso me honra.

Cómo no lo voy a hacer, si mis padres son de lo mejor que me ha pasado y les admiro profundamente. Pero también, quienes por desgracia, me han hecho pasar los momentos más duros de mi vida.

Mi hermano y no nos quedamos, con 12 y 19 años respectivamente, huérfanos de padre. Este ha sido sin lugar a dudas el evento que más ha marcado mi vida. Me rompió por dentro como no era capaz de entender entonces, me quedé sin mi mundo, sin mi seguridad, todo cambió. Mi hermano cambió, mi madre cambió, mi familia cambió. Y yo tuve que cambiar. Y no, a pesar de mis años, no lo he superado del todo.

Pero una educación férrea en la obligación es lo primero, me permitió no hundirme nunca, no dejar de tirar del carro nunca, no dejar de ir hacia adelante nunca. Gracias, papá y mamá por haberme preparado para aguantar las embestidas.

Y eso fue el principio de todo.

De no haber fallecido mi padre, no habría empezado a trabajar en un banco. De no tener un sentido de la ética y el trabajo duro, no habría aguantado 15 años en un sector que jamás me gustó, ni habría llegado a un puesto de Dirección.

De no haberme esforzado tanto, no conocería tan bien como conozco los procesos de selección, lo que buscan las empresas en los candidatos, y cómo hay que moverse para mejorar en tu carrera. Y tampoco sabría lo que es odiar tu trabajo, sentirse perdido, necesitar cambiar de carrera, necesitar romper con lo anterior… y no tener ni pajolera idea de por dónde empezar.

Si no hubiera trabajado en algo que me espantaba, tal vez nunca habría hecho un máster en dirección de marketing y comunicación que me permitió entender cómo hay que posicionarse en el mercado y cómo hay que presentar tu candidatura para interesarles a las empresas. De no haberlo sabido, no habría logrado hacer un cambio radical de carrera, y no habría conseguido pasar tres años llevando un dpto. de RRHH y conociendo ese mundo por dentro.

Y entonces, a mi madre le detectaron un cáncer.

Y poco después, me quedé embarazada.

De no haberse unido estas circunstancias, probablemente jamás habría decidido dejar mi trabajo. Mi familia necesitaba mi tiempo, pero es que además, después de casi dos décadas partiéndome el espinazo, en realidad seguía muy perdida y no había encontrado el trabajo que encajaba conmigo.

En ese momento empezó mi historia de amor con la red. Ahora las damos todos por sentado, pero te aseguro que en 2009, la blogosfera era enana y el propio twitter eran un desierto comparado con lo que es ahora. Facebook se usaba únicamente de manera personal – y con tus tres amigos más avezados, y Linkedin no tenía ni por asomo el peso que tiene ahora.

Si estás haciendo cuentas, del 2009 a hoy hay siete años – es que este no fue mi primer blog. El primero que escribí, anónimo y sin ninguna pretensión, fue sobre maternidad –que era lo que estaba viviendo-.

Y quién me iba a decir a mí que yo era capaz de escribir… y que a la gente actually le gustaba lo que yo escribía.

Pero aún tenía que decidir qué haría cuando volviera al mercado laboral. Ningún trabajo me apetecía, no quería volver a nada de lo que hubiera hecho antes, entonces… ¿qué?

Por entonces, mi experiencia en RRHH me hacía receptora de todas las dudas de mi entorno: ¿cómo hago mi CV? ¿y cómo tengo que contestar esto en la entrevista? ¿y qué digo en la carta de presentación? ¿ y qué se puede hacer en Linkedin?

Hmmm… mucha gente necesitada de que alguien les explicara cómo abordar estos temas tan importantes…

Y se unieron los puntos. El tema me encantaba. Yo tenía mucho que decir al respecto – lo había vivido muy cerca, mucho tiempo.

Decidí empezar por ahí: me dedicaría a estudiar, elegir y filtrar los mejores artículos que encontrara sobre la búsqueda y los compartiría en un blog. Pero en seguida me dí cuenta de una cosa: aquí nadie veía las cosas como yo. A mí no me encajaba todo lo de la orientación laboral tradicional, yo veía que ahí no había posibilidad de diferenciación para los candidatos.

O sea que cambié la idea de limitarme a compartir lo que otros decían, y decidí contar cómo lo veía yo, y cómo lo hice yo misma. Me dí cuenta que podía ayudar a los demás a hacer las cosas de una forma diferente y mucho más actual.

Y hasta hoy.

Por el camino perdí a mi madre (tres horrorosos años después de diagnosticarle la enfermedad), tuve a mi pitufadorable que es la fuente de mis mayores alegrías y también mis mayores cabreos 😉 y me convertí en algo que jamás imaginé: en emprendedora!

El resto es la historia de mi empresa, de mis aciertos y mis errores – de perder dinero, de confiar en gente que me apuñaló por la espalda, de dedicarme a cosas que no encajaban conmigo…-, que algún día te contaré.

Pero sí quiero compartir contigo tres de los muchos aprendizajes que me he llevado en estos seis años:

#1 Debes convertirte en la persona que puede hacer tus sueños realidad

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Te dicen: “Puedes conseguir lo que te propongas”, pero te pones a intentarlo, te topas con el primer obstáculo… y sanseacabó. Ya no sabes hacia dónde tirar, pierdes la ilusión, las ganas. Esto no es para mí. Esto yo no lo puedo conseguir.

Cuando es probable que lo que ocurra es que no puedas conseguir lo que te propongas… AHORA.

Yo no podía haber montado Zumo de Empleo cuando empecé a trabajar (ni 10 ni 15 años después). Si lo hubiera intentado, sería de las que a la primera dificultad, habría abandonado.

Ahora entiendo que la fuerza, la perseverancia y la avidez por aprender que mi trabajo requiere, no las tenía entonces. No tenía la fortaleza de espíritu para romper con todos los convencionalismos que me habían grabado a fuego, y dedicarme a algo que mi entorno (aún hoy) ni entiende, ni valora.

No habría tenido la osadía de montar un negocio en el que vendo mi propio conocimiento y experiencia… y desde luego, no me habrías visto delante de una cámara ni de cogna.

Es decir: entonces no era el tipo de persona que necesitaba ser para poder cumplir mi sueño.

He tenido que convertirme en la persona que tiene los recursos para poder cumplir mi sueño. Y en el momento en que me di cuenta de esto, me di cuenta del enorme PODER que tengo.

Me di cuenta que no hay nada escrito en piedra – que ni mi inteligencia, ni mis capacidades, ni siquiera mi CARÁCTER son inmutables: que yo puedo adaptar, modificar, mejorar, desarrollar lo que necesite dentro de mí… y convertirme en quien yo quiero ser.

#2 La vida es puro desequilibrio

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Tenemos pánico al desequilibrio. A perder este trabajo. A no hacer las cosas como siempre. A cambiar. A decidir sin seguridad. A cambiar de carrera. A salir de casa poco abrigados. A que nos cierren el super de toda la vida.

Pero sin desequilibrio no vivimos. Sólo existimos.

Sin desequilibrio no nos ponemos a prueba. Sin desequilibrio no mejoramos. No aprendemos. No nos abrimos a nuevas oportunidades. No experimentamos cosas nuevas. No tenemos nada interesante que contar.

Yo siempre busqué como loca el equilibrio. Un trabajo en el que estar siempre. Una relación para toda la vida. Un peso para toda la vida 😉 Una casa para toda la vida.

Y a pesar de todo lo que la vida trataba de desequilibrarme, a pesar de que me gritaba de la peor manera posible: “eh, no te pongas cómoda, que este camino está lleno de baches!”, yo seguía, erre que erre, queriendo mantenerlo todo igual.

Pero un día programé el primer desequilibrio: cambié de carrera. Moría de miedo, pero era mayor el pánico a seguir como estaba los siguientes 30 años. Y luego programé otro, y después otro más. Algunos me han salido bien, otros rematadamente mal. Pero sin esos desequilibrios no tendría mi vida. No podría sentirme orgullosa de lo que he conseguido.

He aprendido que incluso los peores desequilibrios no te destruyen. Te preparan para el siguiente.

La vida es una permanente sucesión de desequilibrios. Y yo he aprendido que puedo programar los míos.

#3 Si no eres TÚ ahora, ¿cuándo lo vas a ser?

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Siempre perseguí la aprobación y el cariño de todo el mundo. Me esforzaba por ser la más trabajadora, la más educada, la más políticamente correcta, la más complaciente, la más sacrificada, la más pendiente de todos. En mi casa, con mi familia, mis amigos, y en mi trabajo.

Un primor.

Excepto que era todo una fachada para ser apreciada y cumplir con los demás. Me obligaba a ser esa personita perfecta a ojos de todos.

Y uno de los efectos colaterales, era que tragaba litros y litros de toxicidad. Aguantaba a personas, situaciones y expectativas cargadísimas de las mierdas de los demás.

Y no sé si por aquello de “a la vejez viruelas” pero un día me harté. Y decidí probar a ser egoísta. Aún no me he liberado del todo, pero he eliminado un enooooorme porcentaje de obligaciones y expectativas ajenas de mi vida.

No tengo que gustar a todo el mundo. No tengo que hacer todo lo que los demás esperan o querrían que haga. No tengo que cargar con las expectativas ajenas, con las necesidades de los demás.

Eso no me hace ser mala persona, significa que me doy el espacio que necesito, me respeto, trato de ser asertiva. Significa que la persona que YO quiero ser y la vida que YO deseo tener, me doy la libertad para conseguirlo.

Nadie me tiene que dar permiso, ni me tengo que disculpar con nadie.

En mi caso, reconozco que eso significa que tengo que cortar obligaciones externas para dedicarle las horas que necesita mi empresa. Significa que tengo que decir NO a propuestas de otros que a mí no me van a favorecer y me van a robar un tiempo precioso.

Y si para ti significa que tienes que dejar un trabajo, una relación, o incluso tus propios pensamientos cuando están haciéndote daño, están siendo tóxicos, no están aportando nada positivo… lo puedes hacer. Si es lo que quieres.

Que no tengas que arrepentirte un día de no haber seguido los dictados de tu corazón, de haber dejado que sean los demás los que dispongan de tu vida, de no haber sido TÚ. Porque va a haber un único TÚ en la historia completa de la humanidad y si estás aquí, te aseguro que no es por accidente, te aseguro que has venido a hacer ALGO. No dejes que nadie te lo arrebate. 

Hazte la promesa a ti mismo de no dejar que pase tu tiempo sin perseguir TU historia.

 

Gracias por acompañarme en esta aventura estos seis años, y si me permites, brindemos por al menos otros seis más!!

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