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Viñeta de Erlich

Casualmente en las últimas semanas he hablado o me han hablado del libro “El Secreto” en varias ocasiones, y me ha hecho pensar. No os lo destripo si os digo que se basa en la “Ley de Atracción”: la idea fundamental es que “atraemos lo que pensamos”, o en palabras de la autora: “solo debes pedir al Universo cualquier cosa que deseas y este te la concederá”.

No sé el dinero que habrá sacado con el libro, pero dado que ha vendido *muchos* ejemplares, habrá alimentado la ilusión de mucha gente por conseguir el máximo con el mínimo esfuerzo [N. del A.: Por Dios, al que le funcione desear con todas sus fuerzas lograr el trabajo de su vida y sin levantarse del sofá éste llame a su puerta, que me lo cuente que me retractaré de haberlo considerado simplista y hasta peligroso ;)].

Para mí es como decir que recibimos lo que merecemos. Si fueran así las cosas, el esfuerzo, el tesón, la ilusión y la satisfacción por lo logrado se irían por la ventana y significaría que en nuestra mano no está más que esperar a que al Universo le llegue nuestro sms y se digne hacerlo realidad.

Me temo que lograr lo que deseamos es algo más complicado. No es imposible, ni siquiera tiene que ser dificilísimo, pero sí tiene que trabajarse, hacerse con cabeza y con realismo. Y sí, es cierto que algunos parecen haber nacido con una flor en salve-sea-la-parte, pero ¿a cuántos conocéis?

Lo que deseamos debemos PROVOCAR que suceda. No sólo desearlo. Desearlo está bien, es necesario, es una parte importante mantener ese deseo porque alimentará la motivación por lograr nuestra meta. Pero sólo es eso, una parte. Plantearse metas es facilísimo. Vamos, yo todos los lunes y los martes me planteo tres o cuatro. Alcanzarlas es otro cantar.

~ Falta compromiso

¿Qué ocurre? Que nos falta compromiso. Que levante la mano quien no se haya planteado tocar un instrumento, adelgazar, ver más a menudo a los amigos, dedicarle más tiempo a la familia, ponerse en forma, mejorar el puñetero inglés, empezar un blog, o incluso, dedicarse a lo que realmente le gusta.

Pero el día a día, ¡ay el día a día! Nos lleva de incendio en incendio, de urgencia en urgencia. Vivimos “con el Jesús en la boca” constantemente… y pasa esta semana, este mes, este año… y seguimos en la casilla de salida.

Es muy difícil comprometerse con una meta a largo plazo. En seguida perdemos el interés, necesitamos cambiar, nos desesperamos, vivimos en la era de la inmediatez. Buscamos resultados instantáneos, no tenemos paciencia ni tiempo para aburrirnos. Pero excusas sí, excusas muchas.

Bueno, hasta aquí ya está justificado por qué no lo logramos. Hemos hecho terapia, ya lo hemos sacado fuera, le hemos puesto nombre al elefante rosa que hay en la sala… ahora vamos a cambiar esto. ¡No puede ser que nos conformemos con  lo que el Universo tenga a bien mandarnos!.

~ La forma de plantearlo

Ya dije al principio que desear algo es una parte importante del juego. Pero hay más normas que seguir, con eso no se gana la partida.

1. Sueña y desea, pero básate en expectativas reales

Es decir: que tus deseos no sean sólo fantasías. Yo puedo desear estar más delgada, pero tendré que ser realista con lo que puedo lograr: fantasear con convertirme en Gisele Bundchen y recrearme en ello me frustrará e inconscientemente me frenará.

Sueña con lograr lo mejor que puedas de ti mismo, pero con expectativas reales.

Las expectativas están basadas en la experiencia, en el conocimiento de uno mismo. Llévalas al máximo posible, al máximo que puedas imaginar, pero no traspases el límite de la fantasía. La fantasía es muy bonita, te pone las pilas en el momento, te pega subidón, pero no te puedes comprometer con una fantasía.

«Think big” pero “think real”

2. Disfruta de la visión positiva de haber alcanzado tu meta… y contrasta los aspectos negativos con los que te vas a encontrar.

La realidad es que nos encontraremos con dificultades, muchas de las cuales podemos prever, y eso es lo que tenemos que contrastar con nuestra meta.

Esto tiene un doble objetivo: en primer lugar, te darás cuenta si tu meta es realizable o no. La incomodidad que nos causa pensar en el precio que tenemos que pagar para lograr un objetivo es la que nos marcará si vamos a estar dispuestos a comprometernos a lograrlo. Y por otro lado, te preparará mentalmente para superar las dificultades.

La dificultad puede estar en uno mismo, en los demás, en el efecto que tendrá sobre nuestra vida, en los cambios que debemos realizar, en el impacto económico… Siempre va a haber dificultades, y es bueno ponernos a prueba, pero también tenemos que ser realistas con lo que estamos dispuestos a hacer y lo que no.

Ya he utilizado este ejemplo antes, pero me parece buenísimo y refleja lo que digo:

Un famoso pianista da un recital en una fiesta privada. Al finalizar, la anfitriona se acerca a felicitarle y añade: “Daría cualquier cosa por tocar el piano como Usted”. El pianista agradece el cumplido pero contesta: “No, no lo haría”. La anfitriona, sorprendida e incómoda, le insiste, a lo que él contesta: “Usted desea tener el nivel de dominio que yo he logrado, pero no estaría dispuesta a practicar ocho horas al día, siete días por semana, durante los próximos veinte años para conseguirlo”.

3. Convierte tu deseo en un plan

Imagínate a ti mismo habiendo conseguido tu objetivo. Piensa qué momento en el tiempo es, cuántas semanas o meses han pasado, visualízate a ti mismo habiéndolo conseguido. Y una vez que te hayas adelantado en el tiempo, ve desandando lo andado y ve tomando nota de los pasos que deberás dar para llegar ahí.

De esa manera no tendrás que cuestionarte y plantearte los pasos cada vez.

Volviendo al ejemplo con el que yo tanto me machaco ;), me di cuenta que si no tengo que pensar qué voy a comer cada vez, si no me doy opción de dudar o tener que negociar conmigo misma, me cuesta menos no hacer trampas con la despensa. Es decir: si a principio de semana yo tengo apuntado con detalle todo –y lo único- lo que puedo comer, detallando comida a comida cada menú, sin posibilidad de cambiar nada, puedo “robotizarme” y así evitar cuestionarme cada vez.

Sueña, ilusiónate, rétate… es la esencia de la vida, el espacio para crecer y mejorar… pero quiero que LOGRES lo que sueñas. Lucha por conseguirlo ¡que tus ilusiones no se conviertan en nubes!.

Este planteamiento sirve para casi todo: para las grandes metas en la vida y para los pequeños retos del día a día. Sirve para autogestionar tu carrera profesional y para avanzar personalmente.

Y aún digo más: no sólo funciona a nivel personal, sino que es una potente herramienta para las empresas y los directivos: un momento de reflexión y de contraste es clave en la toma de decisiones.

Conviértete en un sello: pégate a tu meta hasta que llegues al destino

Fuerza y valor!

 

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