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Elrich

Elrich

 

Este fin de semana coincidieron dos cosas que me volvieron a hacer reflexionar sobre cómo utilizamos los medios para nuestra búsqueda de trabajo.

 

Primer momentazo Linkediano:

Me llega una petición de contacto: no le conozco de nada, no me dice por qué quiere contactar, no me da absolutamente ninguna información (como el 99% de las veces) pero veo que en su titular pone en bien grande “en búsqueda activa de empleo” –minipunto negativo, por cierto-, por lo que acepto, por si mi red le puede servir y ayudar.

Al minuto recibo un email de esta persona.

Empieza deseándome lo mejor para este nuevo año 2014 -¿casi en Marzo?-; agradezco, no obstante, sus buenos deseos, quédudacabe, y como era de esperar tras la triunfal entrada… sin más preliminares, me presenta su candidatura como Director de IT “para los puestos que estoy seleccionando para mi empresa”. Aaahh… otro de esos.

Ni sabe quién soy, ni lo que hago, pero tenía este correo de veces anteriores y lo ha aprovechado. Que no estamos para tirar nada.

Francamente: ¿diríais que así capta mi interés y provoca alguna acción –en favor de su objetivo- por mi parte?

Me pregunto por qué él habrá pensado otherwise… (¡Almadecántaro! –que diría mi madre-).

De verdad que me da rabia, porque no dudo que

a) el tipo será muy majete fuera de Linkedin y

b) probablemente bueno en lo que hace

Pero no está consiguiendo nada. Y apuesto el brazo derecho de alguien que en su conversación con los amigos este fin de semana, dirá aquello de “en España no hay trabajo”, “mandas la candidatura a todo el mundo y no consigues nada”,  “no se valora a un profesional de mi categoría”…

Puede que ya lo haya intentado todo y ahora está a la desesperada… pero lo malo de tirar cañonazos hacia arriba, es que te caen en la cabeza.

Segundo momentazo Linkediano:

Recibo un mensaje de alguien que “me agradece que haya aceptado su invitación a conectar” (esteeee… ¡si no estamos conectados!) y me invita a que me dé de alta en su proyecto -una red social de emprendedores- y le dé mi opinión.

Ni siquiera un poco de peloteo. ¿Sin más prolegómenos quieres ponerme a trabajar “by the patilla”?

 

Llegados a este punto, hay que poner orden en la sala

¿Sabéis que está pasando? Pasa que no pensamos. O que pensamos que se pueden hacer las cosas de cualquier manera. O que sólo pensamos en lo que queremos nosotros sin tener en absoluto en cuenta que al otro lado del mensaje hay una persona.

Pensamos que la cercanía de la red significa que podemos ir metiéndoles por el gaznate nuestra candidatura / proyecto / producto a todo el que tiene una cuenta en Linkedin, Twitter o similar y que así es como se usan las redes sociales.

Y literalmente, asaltamos a la gente.

Hecho con muchísima gracia, creatividad y de forma innovadora, puede llegar a colar (pero seamos sinceros: ¿cuántos tenemos tanta gracia, creatividad e innovación? Poseso). En cualquier otro caso es agresivo e invasivo. Y os aseguro que así no se consiguen los resultados efectivos y a largo plazo que necesitamos.

Queremos un trabajo, lo sé. Pero ametrallar con CVs no os va a conseguir el trabajo de vuestros sueños –ni siquiera uno medianamente bueno-.

Si realmente tenemos un objetivo claro y que nos motiva e ilusiona en mente, es cuando es más importante hacer bien las cosas.

 

¿Por qué lo hacemos tan rematadamente mal?

 

Hasta la fecha estas cosas me crispaban; me ponían mediotriste-mediocabreada por la cantidad de oportunidades que veo que se pierden, por la cantidad de tiempo malgastado y la enorme carga de frustración y malestar que la falta de resultados positivos va calando en la gente.

Tal vez sea porque llevo toda la vida muy expuesta al mercado americano y aprendiendo todo lo que puedo de ellos -que son los Reyes del Mambo en saber venderse-, veo diametralmente claro todo lo que aquí no hacemos bien.

Y después de bastantes años de muchos clientes, muchísimas horas especializándome, mucho experimentado y mucha pana partida para enseñar a la gente a hacer las cosas de otra manera, he visto cristal clear que los problemas de base en los que se cimienta nuestra falta de resultados son:

 

1. No sabemos vender

Seamos claros: no sabemos vender(nos). Nadie nos ha enseñado y sólo unos pocos Elegidos para la Gloria lo traen de fábrica. No nos han formado, no nos han explicado, y encima tenemos un retorcidísimo sentido del corte y la vergüenza propia y ajena.

Somos incompetentes en saber vender lo que hacemos y lo que podemos hacer para otros (llamémoslo así, porque si os digo el nombre que de verdad tiene esto, sé de muchos que se apean del carro).

Sí, tenemos carreras y másters chingones, pero luego no tenemos ni idea de cómo conectar y transmitir  a alguien lo buenos que somos en lo que hacemos y por qué les interesa comprarnos/contratarnos.

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2. No sabemos que no sabemos vender

No sabemos que no sabemos hacerlo. No sólo somos incompetentes, sino que somos  inconscientemente incompetentes.

Y cuando ha llegado Paco con las rebajas, nos hemos quedado embuclados en lo único que sabemos: montar un CV mediocre que ni nos distingue, ni aporta nada, repartirlo entre nuestros conocidos a ver si lo pueden “meter en su empresa”, y luego tirarnos las horas muertas ante el abismo de Elinfoyós (y otras enemil páginas más que siguen saliendo como setas, cada una diciendo que es “the next best thing” pero es más que lo mismo… con otros colores).

Decía que hasta la fecha cada vez que veía esto me daba un brote de sarampión.

Pero he decidido que, si mi misión es ayudaros a conseguir el trabajo –y por tanto, la vida- que deseáis, no tengo que alterarme sino que tengo que ir más allá en la ayuda que os doy para conseguirlo. Todos los años (y dineros) que he invertido en aprender, testear, practicar y afinar cómo se consigue esto, estoy trabajando la manera de compartirlo con vosotros para que podáis aprovecharlo al máximo.

Porque la mayoría de quienes están buscando trabajo cometen tantos errores que se están boicoteando ellos mismos sus oportunidades.

Porque muchos de quienes le echan coraje y se lanzan a ofrecer sus servicios, no saben cómo conseguir clientes y acaban por renunciar a algo que podía haber sido el trabajo de su vida. Porque os aseguro que la diferencia entre las personas que saben lo que tienen que hacer para conseguir sus objetivos –el trabajo que desean, los clientes que necesitan- y la “masa indistinguible” es abismal y los resultados, exponenciales.

Y quiero enseñaros cómo pasar a engrosar el grupo de los que saben lo que hacen y logran el trabajo de su vida… o moriré en el intento ;o)

Manteneos en línea porque seguiré compartiendo información interesante y os voy a ir explicando qué debéis cambiar para lograr resultados. 

Si quieres, cuéntame en los comentarios qué dificultades encuentras a la hora de comunicar y vender lo que eres capaz de lograr para los demás. 

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