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Forges

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¿A que tú también has pensado que en tu mente parece que conviven varios YO(es?)?. Está el YO que quiere, que sueña, que desea… que se imagina más delgado, más en forma; que se ve siendo mejor persona, con más tiempo para dedicar a su familia, a sus amigos, a sus hobbies. El Yo que anhela un trabajo que le ilusione, que le dé satisfacción y le haga sentirse orgulloso. El Yo soñador, el que te visualiza siendo la mejor versión de ti mismo. Este es el Yo CEO de tu mente, el visionario, el que dicta la “misión, visión, valores” de tu vida 😉

Pero claro, esos planes se tienen que ejecutar. Y ahí tenemos el YO MandoIntermedio, que recibe las instrucciones (tus deseos y objetivos) y le toca ponerlos en marcha en el día a día. Ay, el día a día.

“Qué pereza me da…” “por una vez no pasa nada…” “es que tengo un mal día…” “hoy me lo merezco…” “ya si eso mañana…” “si total, no va a servir para nada…” “tampoco me tengo que exigir tanto…” “si todo el mundo está igual…” Tu Yo MandoIntermedio es especialista en poner excusas. En su LinkedIn pondría: “Especialista en procrastinar, en evitar esfuerzos y riesgos, manteniéndote en tu zona de confort”. Porque nuestro Yo MandoIntermedio funciona de manera binaria: si hacer algo me va a dar placer inmediato, lo hago. Si me va a suponer esfuerzo, dolor, dificultad, reto… pongo en marcha las excusas.

Que levante la mano quien se dice a menudo frases tipo: “Tengo que esforzarme más…” “Tengo que ser más disciplinado…” “Tengo que centrarme…” porque has intentado por eneava vez perder peso pero no consigues ir ni pátrás ni palante; porque quieres organizar mejor tu tiempo pero sigues sin llegar a todo lo que te comprometes; porque quieres ese trabajo que te ilusiona y apetece pero no acabas de arrancar y sigues en el mismo sitio que hace N meses/años…(Ya podéis bajar la mano).

Y seguro que te sientes fatal, te culpabilizas, te machacas… ¡cómo es posible! ¡otro día más, otra semana, otro mes y estoy en el mismo sitio! Y puede que veas a otros a tu alrededor que sí avanzan, y vas perdiendo la confianza, y vas sintiéndote una mierda porquería, y te dices que tal vez no lo mereces, que lo que quieres no es para ti…

Déjame que te quite la tirita:

Estás fallando porque estás poniendo la ejecución de tus objetivos en manos de tu fuerza de voluntad

Y la fuerza de voluntad, let me tell you, está muy sobrevalorada: no es ni tan fuerte ni tan voluntariosa como su nombre indica. La fuerza de voluntad implica apretar los dientes, agarrarse los machos y aguantar el embiste como un valiente. Un día te sirvió para hacer esa llamada puñetera que tenías atascada, otro día lograste aguantar la tentación de tomarte un trozo de tarta de chocolate, otro día te acercaste a hablar con esa persona que tanto te intimidaba en un evento de tu sector… pero tú mismo sabes que funciona sólo puntualmente. No puedes vivir todos los días apretando los dientes porque se acaban partiendo. No puedes basar el logro de tus objetivos sólo en las decisiones que tomes con tu fuerza de voluntad. Un día la tendrás, otro no. Un día tendrás mayor decisión y estarás más descansado…y otro no. No te fustigues por ello: no eres sólo tú, esto tiene una explicación y nos pasa atodohijodevecino.

Verás: cada decisión que tomas al día, tira de tus “reservas de decisiones”; ¿sabes por qué Steve Jobs vestía siempre igual, incluso cuando tenía que aparecer ante millones de personas, con los mismos vaqueros, jersey negro de cuello alto y deportivas? Porque al eliminar cada día la decisión de qué ponerse, liberaba energía para otras decisiones 😮

Cada pequeña decisión que tomas (y al día, son muchas!), va consumiendo energía, de tal manera que cuando necesites una dosis extra para esa decisión dura que es la que te acercará a tus objetivos (o no)… tal vez no te quede!

El acto de tomar decisiones a lo largo del día va disminuyendo tu capacidad de tomar las siguientes decisiones

Ahora que lo sabes, entenderás mejor que si cada día dejas en manos de tu fuerza de voluntad el tomar las decisiones correctas, no lo vas a conseguir. Por tanto, la clave es: ¡¡no pienses!!! O más bien: aprende a pensar cuando hay que pensar

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Piensa y decide primero, luego sólo actúa

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Cuando hay que pensar mucho es cuando decides qué visión tienes para ti mismo: cuando decides qué objetivos quieres lograr, cuál es el trabajo que vas a perseguir, qué vas a ofrecer al mercado, dónde quieres llegar, qué quieres conseguir en el futuro [punto 1.) Decidir tus objetivos – check]

Hay que pensar cuando debes definir cómo llegar a esos objetivos: cuando decides qué camino vas a tomar, qué necesitas para llegar, qué vas a tener que ir haciendo, por dónde avanzar, qué dificultades puedes encontrar. Hay que pensar muy bien qué pasos tendrás que dar, cuándo y cómo [punto 2.) Definir la estrategia para lograr tus objetivos – check]

Pero NO hay que pensar cuando te pones a ejecutar tu estrategia (whaaaaat?) Cuando todas esas importantes decisiones tienes que convertirlas en pequeñas acciones del día a día, tienes que dártelo todo súper mascado y súper claro para no tener que pensar. Pensar te hace sopesar, negociar contigo mismo… te lleva a poner en manos de tu fuerza de voluntad la decisión… y ésta tratará de llevarte a cargarla al camino de menor resistencia.

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Elimina la negociación mental

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Ya te adelanto en el párrafo anterior que la estrategia debes dividirla en táctica, que son las acciones concretas que debes hacer para cumplir tu estrategia.

Mi ejemplo favorito: si tu objetivo es gustarte más físicamente y para ello decides que quieres adelgazar X kilos y hacer X ejercicio, tienes que definir estrategia+táctica claras: todos los fines de semana harás una lista detallada de las comidas de la semana siguiente (las cinco comidas de cada día), e irás a la compra para tener todo lo que necesitas para esa semana (que no te falte ningún alimento ni ingrediente) y dejarás cocinado todo lo que puedas de antemano (la nevera y el congelador: esos grandes aliados). Por otro lado, en función de tu agenda, establecerás qué días y horas vas a ir al gimnasio y qué ejercicios concretos vas a hacer.

Y cuando llegue el lunes… dejas de pensar. Ya lo has dejado todo pensado el fin de semana, ya no tienes que volver a hacerlo, pase lo que pase. Ahora sólo ejecuta: cuando tengas que prepararte la cena del martes, no necesitas usar tu “reserva de decisiones” y pensar qué te apetece o no, qué tentaciones hay en la despensa, qué comida va con tu estado de ánimo… simplemente miras la lista y ejecutas.

No vas a negociar y luchar contra ti mismo en cada ocasión, vas a poner a Yo MandoIntermedio a trabajar para crear los hábitos (respuestas/acciones automatizadas de nuestro día a día) saludables y eficaces sobre los que lograrás tus objetivos!!

Si quieres que las cosas cambien, tú tienes que hacer que cambien. Si quieres conseguir algo distinto en tu vida, tienes que hacerlo parte de tu rutina, y la rutina no la puedes basar en fuerza de voluntad cada vez. Elimina decisiones, aumenta la acción.

Cuando tu fuerza de voluntad está baja de energía, no pienses: actúa

Claro, que esto sólo funcionará cuando el objetivo que persigues te motive, te ilusione, te mueva por dentro. Tiene que ser algo que realmente QUIERES. Tiene que ser algo conseguible por ti, debe tener el tamaño adecuado y debe encajar con el resto de aspectos de tu vida. Pero esto, como decía Michael Ende, es otra historia y será contada en otra ocasión…

Ahora, a pensar para luego, actuar. Fuerza y valor!

 

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