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Las empresas y los profesionales cometen a menudo el mismo error: estamos tan absortos en el día a día, que nos olvidamos de mirar hacia dónde vamos.

Y lo que le ocurre a una empresa cuando opera estrictamente en el día a día sin tener una visión a futuro ni un plan para convertirse en la empresa que se tiene que convertir, es que se vuelve extremadamente vulnerable. Toma decisiones tan a corto plazo y tan encaminadas a salvar la facturación de ese mes, que pierde increíbles oportunidades de crecimiento y se auto-condena a hundirse.

Pues a los profesionales nos pasa algo parecido:

Ponemos el trabajo (el día a día) por delante de la carrera (la visión a futuro), convirtiéndolo en una trampa mortal en la que nos atascamos vegetando, mermando, y pasivamente dejando la vida pasar.

 

Nos ocurre a menudo que caemos en un puesto, en una empresa, y como si fueras una planta que te acaban de trasplantar a una maceta, asumes que ahí te vas a quedar para siempre.

Y al no tener una visión, un objetivo a futuro, es facilísimo irse enredando en las pequeñas cosas del día a día, irse atando cada vez a más cargas y responsabilidades económicas – que si casa, coche, vacaciones… – hasta que conviertes ese trabajo en un fin en sí mismo.

Y entonces nos tratamos de auto-convencer de que si logramos hacerlo bien en ese trabajo, que si cumplimos con los objetivos y conseguimos que nos valoren, todo irá bien, y tendremos seguridad, salario y un trabajo agradable de por vida.

Pero ¿y si no es así?

Ese puesto puede desaparecer mañana. O las posibilidades de crecer en él, puede que sean nulas. Puede que cambien tus prioridades. Puede que te des cuenta que no es eso lo que te gusta, lo que encaja contigo o simplemente lo que quieres hacer el resto de tu vida.

O puede que levantarte cada día con la perspectiva de pasar 8 horas pendiente de mantener al jefe contento, deje de ser un plan de vida aceptable.

No podemos contentarnos con ser estupendos en nuestro puesto de trabajo actual y cerrar los ojos al futuro – sin pensar dónde queremos estar dentro de unos años. Sin pensar en cómo queremos ir avanzando y mejorando como profesionales. Qué experiencias queremos vivir, qué queremos aprender y probar… hasta dónde queremos llegar.

 

Pregúntate:

 

>>Si en los próximos dos años no hubiera absolutamente ningún cambio en mi puesto de trabajo actual, ¿quiero seguir aquí cuando llegue ese momento? ¿es en esta empresa donde puedo hacer mi impacto en el mundo? ¿Tengo posibilidad de aprender cosas nuevas, de mejorar mi currículum en este puesto en estos dos años?

>>Si te quedas en esta empresa durante este tiempo, ¿cuál es el siguiente paso que podrías dar que fuera un avance profesional, que te permitiera adquirir nuevas competencias y hacerte un candidato más atractivo en el mercado cuando te quedes sin este trabajo (fíjate que digo cuando)?

>>Y si en cambio, decides que no es en esta empresa donde te quieres quedar (o te invitan a salir y cerrar la puerta por fuera) y te pones a buscar otro trabajo, ¿qué tipo de trabajo te pondrías a buscar? ¿Sería el mismo puesto pero en otra empresa / otro sector? o si tuvieras la oportunidad, ¿buscarías algo diferente, algo que hace tiempo sabes que quieres hacer pero no has encontrado el momento (o la valentía) para perseguir?

 

Hay una realidad que debemos interiorizar: cada uno DEBE hacer sus propios planes – independientemente de los planes que el jefe, el director de área o la empresa tengan para nosotros. Claro que hay que involucrarse y sacar lo mejor del trabajo en el que estás, pero siendo conscientes que este trabajo concreto es sólo la mitad de la película.

 

La otra mitad tiene que asegurarse que estás avanzando hacia la visión tienes para ti mismo;

debes tener parte de tu mente, tu cuerpo, tu atención y tu ilusión en guardia

para continuar en el camino que te lleve hasta allí.

 

Y sé que no es fácil. Lo sé porque yo estoy luchando esa misma batalla aunque en mi caso sea para mi propia empresa. Pero sé de sobra que hay días – demasiados días – que estamos tan ahogados en el día a día, en llegar a todo, en los detalles que no se nos pueden escapar, que esa “visión” desaparece, se desconecta de nosotros, parece parte de una película que vimos.

Pero en ese momento hay que recordar para qué hacemos lo que hacemos. Para qué nos levantamos por la mañana, para qué nos sacrificamos, para qué le dedicamos a esto tantas horas.

Y hay que recordar que tienes la posibilidad de tener la carrera que quieras tener –no la que la empresa decida por ti o con la que creas que te debes conformar-, porque TÚ eres el jefe.  

Tú eres quien debe decidir lo que quieres conseguir en tu vida y en tu carrera, y estás yendo a por ello – y estás haciendo progresos.

Recuerda que el trabajo que tienes (o que buscas!!) ahora es sólo la MITAD de la historia – no cometas el error de olvidar que la OTRA MITAD debes tenerla enfocada en tu carrera – en tu visión, como un setter inglés en su presa.

Vivimos en un momento extraordinario en el que hay más oportunidades que nunca (sí, no estoy loca) para cualquiera que tenga una visión y que tenga HAMBRE por lograr hacerla realidad. No bajes la guardia.

Como siempre: fuerza y valor!

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