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Viñeta de Sansón

 

El momento más ansiado y temido a la vez: la entrevista. Una tortura por la que tenemos que pasar todos de una manera u otra para conseguir nuestro preciado Santo Grial. Hombre, peor lo pasó Indiana Jones cuando buscaba “el otro” Santo Grial, pero igualmente, un trago.

Pues hoy en concreto quiero hablarte de una de las preguntas más famosas (e inútiles) de la entrevista de selección. Por desgracia, aún tenemos que pasar muchos procesos arcaicos enfrentándonos a seleccionadores obsoletos… que nos siguen haciendo el mismo interrogatorio de toda la vida.

Hasta que la cosa cambie y logremos que las entrevistas sean mucho más una conversación entre dos profesionales que están sopesando si les interesa colaborar juntos, espero que te sirva este post para entender mejor la situación y saber cómo enfrentar la famosa pregunta.

Dale al play y deja que te lo cuente personalmente (o más abajo, puedes leer la transcripción del vídeo si eres de los que prefieren la lectura 😉

[N.del A.: antes de que te vayas, tengo que recomendarte un libro que me acabo de leer y me ha parecido buenísimo, es de Simon Sinek y se llama “Start with why”; en español: “La clave es el porqué”. Te pongo los links en los títulos – échale un vistazo porque te ayuda a entender qué es lo que nos hace actuar, lo que nos motiva y nos mueve y te servirá para evaluar a la empresa en la que te vas a dejar tus días

Y ya te dejo con el vídeo – espero que te guste y sobre todo, te sirva!

 

LEER EL POST AQUÍ>>

 

El momento más ansiado y emido a la vez: la entrevista. Una tortura por la que tenemos que pasar todos de una manera u otra para conseguir nuestro preciado Santo Grial. Hombre, peor lo pasó Indiana Jones cuando buscaba “el otro” Santo Grial, pero igualmente, un trago.

Ese día te duchas (los tres anteriores pensaste, “báh, para estar en casa delante de elinfoyós y que lo más movido de mi día sea ver El Tiempo entre Costuras, ni me ducho”- y ya te vale); te pones guapo, le das vueltas a todo lo que te has preparado de la entrevista, la información de la empresa, repasas el año que has puesto que saliste del último puesto de postventa, le dices al espejo “¡Tú puedes!” (al espejo, porque tú ya vas medio anestesiado y no te enteras mucho de lo que haces) y coges el metro con tiempo para llegar 10 minutillos antes a tu cita con el Temible Entrevistador de las Nieves que te imaginas poderoso, 2,10m de altura, mandíbula cuadrada, rayos X, impactante seguridad en sí mismo y mirada de cierto desprecio.

Y resulta que la realidad es que te encuentras metido en una sala con un tipo que, sorprendentemente, te hace las mismas preguntas que te hacían hace 8 años cuando buscaste por última vez trabajo. ¿Asustante y retador como te esperabas? No, deprimente.

Por desgracia, con cieeeeerta frecuencia te vas a encontrar con seleccionadores que podrían haberse puesto al día en la última década y darse cuenta que las manidas preguntas de toda la vida (“Dime por qué te tengo que contratar a ti” et al) ya son un poco Mad Men y no van a ninguna parte.

Para empezar, piénsalo: ¡no tiene sentido! “Dime por qué te tengo que contratar a ti”, veamos:

1. En términos absolutos, no hay forma humana de que tú puedas saber la respuesta a esa pregunta. Para empezar tendrías que entrevistar a los demás candidatos, ya que es una pregunta comparativa: “por qué te tengo que contratar a ti y no a los otros candidatos?” pues déjame que les conozca, les entrevisto, y te digo por qué. Así de sencillo.

2. Es su trabajo. Es él quien tiene que saber por qué va a contratar a uno por delante de otro. Poco más que decir aquí.

3. ¿Te ha contado qué perfil competencial busca exactamente y qué variables socio-cultural-corporativas van a influir en la decisión para que tú puedas dar una respuesta bien basada y no una a boleo? Pues no. Lo que has visto en la oferta no es más que un pequeño porcentaje de todo lo que él tiene que tener en cuenta para tomar la decisión. Y esto me hace volver al punto anterior, o sea que básicamente te está pidiendo que seas adivino. Pues debería haberlo puesto en los requisitos de la oferta…

Pero la realidad es que en la bonita profesión de encontrar al profesional perfecto para una empresa, hay de todo -como en la viña del Señor-, y hay ciertas preguntas que te vas a seguir encontrando y que vas a tener que saber contestar.

Personalmente no creo que el camino para conocer mejor al candidato y poder hacer una valoración lo más real posible de sus capacidades, actitudes y potencial, sea seguir haciendo esas preguntas –de las que, seamos francos, todos todos nos llevamos la respuesta preparada y carente de frescura, sinceridad o información realmente valiosa-, pero sea, porque los viejos hábitos cuesta Dios y ayuda cambiarlos, y aunque las empresas van todas de innovadoras, la realidad es que se aferran a las tradiciones y al “como siempre se ha hecho” más allá de lo que siga siendo útil o siga teniendo sentido.

Cuando a mí me vuelvan a hacer esta pregunta algún día, te digo lo que me gustaría contestar:

Esa es una buena pregunta. La decisión que tienes que tomar es importante y no sé si puedo darte la respuesta que quieres. Más allá de los requisitos del puesto, no conozco por dentro la compañía, el estilo de gestión ni las necesidades de la empresa considerando la situación del mercado, y tampoco conozco a los demás candidatos para poder comparar. Sólo hay algo que conozco bien: a mí misma, y estoy segura que podría sobresalir haciendo este trabajo. Tengo el conocimiento y experiencia para enfrentar el puesto con confianza y las ganas de superarme en los retos que indudablemente se van a plantear. Y sobre todo, me apasiona este mercado y estoy decidida a dar lo mejor de mí misma para hacer mi mejor trabajo

La realidad es que no hay una respuesta perfecta o correcta.

La decisión se va a tomar teniendo en cuenta toda una serie de variables y requisitos que no puedes conocer de  ninguna manera, no se va a tomar en base a una (ni dos) respuesta.

De hecho, ojalá fuera así, porque entonces sería tan fácil como una ecuación matemática o una prueba “tipo test” de las que tanto nos gustaban en la carrera (versus las de “preguntas abiertas”, que para los que hemos estudiado derecho y somos de pluma fácil… eran un pedazo de reto).

 

Pero recuerda siempre:

Nadie te va a pagar por tener un título, sino por lo que eres capaz de hacer o lo que puedes lograr que otros hagan

Por eso, casi mejor que preocuparte por tener la respuesta correcta, mis recomendaciones son:

 

 

  • Preocúpate previamente por haberte presentado a un puesto que realmente te apetezca, en el que tengas mucho que aportar y que encaje con tus valores y tu forma de ser. A estas alturas de la película esto podría sonar obvio pero por desgracia aún hay mucha gente que sigue dándole a todo lo que se mueve (vamos, que manda el CV tanto a puestos de administrativo contable, de responsable de marketing o de delegado de ventas…) y luego viene el llanto y crujir de dientes.
  • Desenvuélvete en la entrevista con la mayor naturalidad que te sea posible. Si tienes que decir “no sé la respuesta a esa pregunta”, dilo. Te aseguro que por muy desesperado que estés, de poco te va a servir fingir tu personalidad y dar respuestas “de otros” para que te contraten.
  • Dicho esto, tampoco vayas nunca con una mano delante y otra detrás. Piensa de antemano en la tranquilidad de tu casa lo que quieres transmitir, asegúrate que sabes contar tu historia y sobre todo: prepara ejemplos concretos de lo que has logrado en tus trabajos anteriores
  • Este no es el momento de ser tímido o modesto. Si no les cuentas tú por qué les interesa contratarte, no esperes que ellos sean adivinos o lectores de mente. Pónselo a capón: dí exactamente en qué eres bueno y pon ejemplos de ello, siempre pon ejemplos.
  • Y finalmente, si sólo pudiera darte una recomendación para enfrentar la entrevista, sería que más allá que tener la respuesta correcta, lo que te va a dar la ventaja competitiva será tu ACTITUD. Ningún seleccionador que yo conozca le dará más importancia a tu título, a un año más o menos de experiencia, a un certificado más o menos que a las ganas, el entusiasmo y la disposición por mejorar y dar lo mejor de ti mismo. Ninguno, te lo aseguro!

 

Pero si sólo vas a poder recordar una única recomendación en ese momento, la que es más certera y va a dar en el clavo de lo que está buscando el seleccionador, es esta:

Pon ejemplos de tus logros y haz que tu trabajo hable por ti.

Y tú, ¿cómo contestas a esta pregunta?

 

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