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Viñeta de Mel

Uno de los ejercicios que hago con mis clientes que resulta más potente es el de practicar una entrevista de trabajo. Parece mentira la cantidad de entrevistas que hacemos a lo largo de nuestra carrera… y lo mal que se nos da. Alguno pensará: “¿la cantidad? Yo he hecho DOS”. Y se equivoca. Verás por qué:

La entrevista de: «veo un anuncio-envío el CV-me llaman (un milagro!)-me citan un día-voy y me encierran en un despacho con el de RRHH para pasar la tortura de rigor», es la más estándar, y probablemente la que más miedo da y más intimida [*]. Pero lo cierto es que no somos conscientes de la cantidad de entrevistas informales, inesperadas y ocultas que pasamos constantemente. Porque como ya hemos hablado más veces (por ejemplo aquí), cada uno somos en realidad profesionales independientes que vendemos un producto: nuestro trabajo. Como vendedores de un producto, debemos encontrar quién son nuestros clientes potenciales (nuestros futuros empleadores) y tenemos que conseguir llegar hasta ellos, a menudo a través de sus propios contactos y cualquier persona a la que puedan acudir para preguntar “Oye, ¿tú no sabrás de alguien que sepa hacer X / tenga formación en Y / tenga experiencia en Z?” y que pueda darles nuestro nombre.

Es decir: tenemos que lograr que a nuestro cliente potencial le llegue información de nuestro producto a través de los contactos comunes (del grado que sean) que podamos tener (incluya aquí el concepto networking). Esto significa que cada vez que abrimos la boca, transmitimos información sobre nuestro producto y la persona que tenemos delante se está llevando una impresión sobre nosotros e información sobre lo que hacemos y cómo somos… y ay! no sabemos a quién puede conocer. Es decir: cada contacto que hacemos es una entrevista de trabajo en potencia. No una entrevista estándar, con las preguntas habituales, en el entorno que conocemos… pero ES una entrevista de trabajo porque esa persona puede ser a quien tu cliente potencial, en un momento dado, le pregunte el famoso: “Oye, ¿tú no conocerás a alguien que…?”

Esto es lo que se llama “posicionar tu marca personal”, que así dicho suena súper complicado y consultoril, pero es algo que naturalmente llevamos haciendo más años que la carracuca aunque sin ser conscientes de ello, sin darle la importancia que tiene y sobre todo sin el cuidado y anticipación que necesita. Explicando que es gerundio:

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Ser consciente de tu marca personal

Marca personal tenemos todos; tu marca no es sino la huella, la impresión que dejas de ti mismo cuando sales de la habitación.

Your brand is what they say about you when you leave the room ~ Jeff Bezos

Vamos, es lo que le diría de ti a otra persona alguien que te ha conocido:

“Conocí a Zumo de Empleo el otro día en un evento”

“Ah, sí? Qué tal es?”

“Parece una tía currante y sobre todo súper apasionada con lo que hace”

En mi caso, me daría por satisfechísima si esa es la huella, la marca personal que la gente percibe de mí. Y es que no pienses que por no estar gestionándola no la tienes… simplemente no la controlas.

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Darle la importancia que tiene

Creo que es interesante entender dos conceptos: el de marca personal y el de reputación.

[Fe de erratas: me corrige Alfonso Alcántara (Yoriento) que la cita que incluyo a continuación no es del gran Andrés Pérez Ortega sino de otra persona igualmente grande y quien sigo con «fruición» y admiración: él mismo :). Humildes disculpas por el error!!]

Marca es lo que vendes, reputación es lo que te compran

Que hables de lo que haces con más o menos pasión, que seas más o menos comunicativo, dinámico, sonriente, que demuestres o no tu conocimiento del área en el que te mueves y a los expertos en el sector, que seas empático, intuitivo, interesado, generoso o no … cada pequeña unidad de información verbal o no verbal que percibe la persona que tienes delante está transmitiendo y dando forma a tu marca personal en la mente de quien tienes delante, que lo está percibiendo, registrando, e interpretando.

Por eso decimos que la marca personal es la huella que dejas en la gente.

Y la suma de “marcas personales” que las distintas personas que te conocen van teniendo sobre ti, tanto por su experiencia al interrelacionarse contigo como por lo que oyen sobre ti, va creando una percepción única y compartida por quien es tu público y tus clientes, una percepción de cómo eres como profesional, va construyendo tu reputación profesional (habrás oido mil veces aquello de “su reputación le precede”) Esa reputación le llegará a tu cliente potencial cuando busque información sobre ti y será decisiva.

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Anticiparse y prepararse

En realidad, después de todo lo que he explicado, este punto es el principio de todo, es el Génesis: no eres una marca blanca. Eres una marca propia con personalidad, uniqness, diferenciación, ventajas competitivas y valor añadido con respecto a las demás marcas. ESO es lo que hará que la gente recuerde tu marca. Debes empezar por pararte a reflexionar qué haces diferente de los demás, qué haces mejor, qué aportas que es distinto, porque no quieres ser una marca blanca más, una cara anodina, un nombre olvidado, y para ello debes asegurarte en tu comunicación que haces énfasis en este aspecto y así cerciorarte que tu marca destaca y es memorable. Si tu producto no es interesante, no se diferencia, no aporta un valor añadido… será relegado al olvido y archivado en la P.

Y ahora viene la letra pequeña: esto no es flor de un día. Comunicar tu marca para posicionarla, ir creándote una reputación y ampliar tus contactos para poder acercar los grados que te separan de tu cliente potencial… requiere tiempo, perseverancia y honestidad. Es un curro, lo sé, pero un curro ineludible para cualquier profesional. Leí en un artículo del gran Andy Stalman algo que me quedó grabado:

“En las oficinas centrales de la compañía Toyota en Japón cuando un nuevo empleado comenzaba a trabajar, la empresa plantaba un árbol cerca de la entrada. Así, el empleado al entrar y salir de su lugar de trabajo veía crecer el arbusto durante 30, 40 o 50 años, hasta convertirse en todo un señor árbol el día de su jubilación.
Hoy, en estos tiempos, leo en la prensa que la media de duración en un empleo para los años venideros no superará los tres años.”

O nos pensamos muy bien qué queremos conseguir profesionalmente y nos preparamos para el largo plazo, o cada tres años caeremos en una depresión, volveremos a la casilla de salida y tendremos que hacer un esfuerzo hercúleo para conseguir otro trabajo alimenticio más.

¿A que no es eso lo que mereces? ¿a que no es eso lo que quieres? Pues a currar YA. Y si necesitas ayuda, este link te puede interesar 🙂

Fuerza y valor!

[*En un próximo post, retomaré la frase inicial para daros la clave de las entrevistas de trabajo estándares]

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