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Dilbert

Nunca me consideré alguien con fuerza de voluntad. Me marcaba objetivos que nunca lograba cumplir y procrastinaba como la que más, mientas veía a otros que conseguían grandes cosas – aprobar unas oposiciones, adelgazar 10 kilos, hacer ejercicio todos los días… siempre me lamentaba por mi falta de fuerza de voluntad.

Hasta que las circunstancias hicieron que decidiera emprender.

Desde entonces, han sido 8 años de puritita, cruda, salvaje fuerza de voluntad. Toda la que no usé los “taitantos” años anteriores, la he estrujado en estos últimos 8 años.

Mi camino de emprendimiento empezó con poco más que mi intuición, un cúmulo de experiencias aplicables a lo que iba a dedicarme, y mucha, muchísima curiosidad.

Y desde ese punto de partida,  he salvado yo solita y a fuerza del tesón, la determinación y la perseverancia que jamás había tenido, todos los obstáculos que se me han ido poniendo delante – algunos menores y otros mayores, estos son sólo algunos pero te aseguro que han sido MUCHOS más:

 

1. Cuando nadie de mi familia entendía a qué me dedicaba, y sentía cómo me juzgaban y se lamentaban de que no tuviera un trabajo “normal”… conseguí superar mi arraigadísima necesidad de ser complaciente con ellos, y seguí adelante.

2. Cuando me sobrevino un síndrome del impostor GIGANTE por no tener los “títulos oficiales” que avalaran mi trabajo… decidí aprender de los mejores profesionales a fuerza de horas que no tenía y dinero que no lograba facturar, y seguí adelante.

3. Cuando mi socio me dejó tirada y acabé dilapidando un dinero que era el colchón económico familiar para hacer un cambio de estrategia que fue un fracaso estrepitoso… a pesar de sentirme una mierda, de dudar cada día de mi capacidad y de cada decisión que tomaba… me lamí las heridas, dí marcha atrás, aprendí (mogollón!) de lo que había pasado y seguí adelante.

4. Cuando me quedé sin ayuda ni colaboradores, cuando tuve que pedir préstamos personales para pagar las facturas, cuando las cosas no iban como esperaba una y otra vez, cuando todo el mundo dudaba, cuando lo más lógico y sensato era abandonar… seguí adelante.

Y tantos más…

 

Han sido ocho años de dejarme la salud (literalmente, aún me estoy recuperando), de robarle todas las horas posibles a la noche, a los fines de semana, a las vacaciones; de cancelar planes, de sacar fuerza y energía de donde no había (de nuevo, literalmente: hemoglobina y hierro a niveles de tener que hacer una transfusión)… yo, que nunca había tenido fuerza de voluntad.

¿Por qué? ¿qué era diferente? ¿cómo es posible tener una fuerza hercúlea para algunas cosas y otras no?

Iban pasando los años, iba superando cada derechazo que me lanzaba la vida, y no dejaban de sorprenderme mi fortaleza y dedicación, hasta que un día oyendo a Tony Robbins, lo entendí.

Y creo que tan importante como ha sido para mí entenderlo, puede que lo sea para ti, por eso te lo voy a explicar.

 

La fuerza que nos mueve por dentro

Resulta que bajo nuestras decisiones se esconden SEIS necesidades básicas, seis necesidades que tenemos todos, aunque cada uno inconscientemente les da distintas prioridades e importancia.

Mientras el objetivo que nos planteemos, el trabajo que desempeñemos, aunque podamos pensar que es lo correcto para nosotros, si no esté alineado con la(s) necesidad(es) básica(s) prioritaria(s) para nosotros… no va a funcionar.

El caso es que eso es lo que me había pasado siempre con mis trabajos anteriores: desde fuera todo parecía perfecto… pero no encajaban conmigo aunque no acababa de entender  por qué – si tenía un buen puesto, un buen sueldo, reconocimiento…

Por eso fui haciendo lo que pensaba que era lógico: fui ascendiendo, pensando que si en el siguiente trabajo cobraba más, si tenía más poder, más gente a mi cargo…

Pero nunca funcionó.

Porque ninguno de esos trabajos cubrían la necesidad que era prioritaria para mí… pero es que no sabía cuál era. Hasta que no comencé Zumo de Empleo, no apareció esa necesidad que ha sido la que me ha dado la fuerza para seguir adelante.

Pero antes de decirte cuál es, voy a explicarte cuáles son las SEIS necesidades básicas, las fuerzas que guían nuestras decisiones, que nos empujan en un sentido o en otro

 

Tony Robbins, basándose en la pirámide de Maslow ha definido las SEIS necesidades básicas que tiene el ser humano – TODAS las tenemos TODOS los seres humanos, pero en función de cuál prioricemos, cuál pongamos delante y cuál detrás, así se dibujará nuestra vida:

 

1. Está la necesidad de SEGURIDAD – buscamos tener control de las cosas, saber qué va a pasar después, que exista predictabilidad en nuestra vida – sentirnos seguros de lo que tenemos, de lo que hay alrededor.

2. Y a la vez que necesitamos seguridad, también necesitamos todo lo contrario: VARIEDAD y cambio.

3. Otra necesidad básica es la de IMPORTANCIA. Necesitamos sentirnos importantes, especiales, únicos, relevantes. Este es un gran motivador, y cada uno encuentra distintas maneras de satisfacerlo. Algunos ganando millones o alcanzando los puestos con más poder, pero también al contrario: haciéndose la víctima para que todo el mundo le haga caso.

4. La cuarta es la de amor y CONEXIÓN. Uno de los mayores motores de nuestra vida.

5. La quinta es la necesidad de crecer, de avanzar, de EVOLUCIONAR. Tanto en nuestras relaciones como nosotros mismos.

6. Y finalmente está la necesidad de CONTRIBUIR – de aportar a los demás, de darle un sentido, un propósito a lo que hacemos que sea mayor que nosotros.

 

Las decisiones que tomamos están todas motivadas por alguna de estas necesidades.

Y es el orden, la prioridad que cada uno inconscientemente le demos a cada una, lo que determinará nuestras decisiones y por tanto nuestra vida, nuestro camino.

Alguien que valore enormemente la seguridad, aguantará carros y carretas en su trabajo con tal de no perderlo, en cambio alguien que busque por encima de todo la importancia, no tendrá problema en cambiar de empresa y sector para lograr mejores puestos si su motivación es llegar a ser un profesional reconocido y admirado.

 

No hay motivaciones mejores ni peores, no hay que pedir perdón ni permiso por perseguir, o priorizar unos aspectos u otros – lo importante es ser COHERENTE con uno mismo.

 

Yo, que he dedicado más de 15 años de mi vida profesional a trabajos que no cubrían mis necesidades prioritarias, te aseguro que es un trabajo personal potentísimo y súper importante tratar de identificar qué es lo que te mueve, lo que te motiva – qué necesidad es la que más te pone las pilas (lograrla o no perderla)

 

y hacerlo sin JUZGARTE – sin tratar de forzar el tipo de persona que crees que deberías ser, sino simplemente con afán de averiguar y entender quién eres.

 

Y ya que me estoy sincerando, te confieso que yo estaba segura que la necesidad de importancia era la número uno para mí. Sí, reconozco que necesito tener el reconocimiento y la validación de mi trabajo, de mis méritos, de mi persona.

Por eso mi obsesión era lograr mejores puestos, más dinero, más responsabilidad – convencida que eso era la medida de mi importancia.

Lo que no sabía en ese momento es que casi más importante para mí era otra de las necesidades: la de contribuir.

Desde mis puestos de directiva en distintos bancos, básicamente lo único que aportaba a la humanidad era hacer más ricos a los que ya tenían dinero. Mi trabajo no tenía ni sentido ni propósito para mí.

Pero en el momento en que mi primer cliente de Zumo de Empleo, la primera persona con nombre y apellido, con sus ilusiones y sus miedos, me dijo que gracias a mi trabajo ella había conseguido que la contrataran donde quería… algo hizo click dentro de mí.

Algo que me emborrachó de orgullo y de alegría, y de importancia, y de propósito, de contribución, de sentido.

Y eso ha sido el motor que ha hecho que aparezca una María Luisa que yo no conocía, que puede con lo que le echen, que se cae pero se levanta todas las veces, que aprieta los dientes y aguanta el sueño y el cansancio y lo que haga falta para seguir luchando, que se ha convertido en una JobJedi 😉 y que sigue adelante, sigue creyendo, sigue ilusionada, sigue soñando.

Si quieres tratar de entender tus necesidades prioritarias, intenta con este ejercicio:

 

Recuerda en qué momentos has sentido que dabas lo mejor de ti mismo, te has sentido vivo, con fuerza, con energía, con ilusión. Sitúate en cada uno de esos momento y pregúntate: ¿cuál de las necesidades estaba alimentando esas emociones? ¿son todas las veces las mismas necesidades, hay un patrón?

 

Cuando entiendas tus prioridades, tus motivadores, los “botones” que ponen en marcha la mejor versión de ti mismo,  entonces podrás enfocarte como un láser en la búsqueda de lo que te va a hacer sentirte así siempre.

Espero que esto te sirva. Fuerza y valor!

 

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