Erlich

 

Si llevas en este planeta al menos 5 años, habrás escuchado contar en 10 idiomas distintos las maravillas de emprender. “El futuro del país está en manos de los emprendedores”; “No hay nada como ser tu propio jefe, como tener libertad para elegir”.

Los grandes emprendedores logran un status de héroes en nuestra cultura. Vemos sus casos de éxito, los millones que facturan y lo carismáticos que se vuelven y queremos ser ellos. Queremos tener su éxito. 

Y parece tan sencillo! porque, en el fondo, es gente como tú y como yo: un estudiante con una idea brillante, un ex-empleado harto de su jefe, unos amigos que se dieron cuenta que les gustaba hacer las cosas de una manera pero no había una solución en el mercado…  

Internet nos lo pone todo tan fácil, que parece que con abrir un blog, empezaremos a recibir clientes y a facturar en un pis-pas. 

Pensamos que sólo necesitamos una buena idea para lanzarnos al estrellato

Yo soy emprendedora. Y un año de estos, no me importaría estar en esa lista de «héroes» 😉  Adoro mi trabajo, no me imagino mi vida haciendo otra cosa que no sea poner mi granito de arena para mejorar la vida de las personas, me llena y me satisface como nunca hubiera pensado… 

PERO

Pero si te encuentras en la dicotomía entre lanzarte a emprender o seguir buscando tu trabajo ideal por cuenta ajena, deja que te diga lo que hay al otro lado de la moneda, en la cruz, para que no te lleves a engaño ni te crees unas expectativas incumplibles. 

Olvídate del cuento de hadas de emprender. Olvídate de lo fácil que parece en este momento gracias a la magia de internet:

Emprender es mucho, muchísimo más que tener una idea, una pasión o un enorme cabreo con el mundo corporativo, los de RRHH, o tu jefe 

Escribir lo que te voy a explicar ahora va a hacer que se me salten algunos puntos de heridas que tengo aún sin cicatrizar, porque lo que te cuento, que sepas que es en primera persona. Es mi camino y son mis aprendizajes -que sé que comparten muchísimos emprendedores-, por si te sirven:

 

VOY A TRABAJAR PARA MÍ MISMO

El concepto “trabajar para ti mismo” es una falacia. Al menos en el sentido en el que se refiere esa frase, entiéndeme – porque yo siempre digo que todos trabajamos para nosotros mismos, incluso cuando somos empleados.

Pero cuando alguien dice “quiero trabajar para mí mismo”, normalmente se refiere a que nadie le va a mandar, que nadie se va a aprovechar de su trabajo, ni va a  decidir lo que tiene que hacer y que todo lo que gane, se lo va a embolsar.

Y en ese sentido, SIEMPRE trabajas para otros.

Incluso si tienes un negocio unipersonal, trabajarás para tus clientes, para tus lectores, para tus colaboradores. Siempre vas a tener obligaciones, responsabilidades, proveedores a quienes pagar, impuestos que liquidar, demandas de los clientes que debes cumplir.

Es importante que no olvides esto, porque si ignoras al resto del mundo, nunca vas a generar dinero.

Lo que sí vas a conseguir es entender muchas de las decisiones empresariales que antes tanto criticabas.

Vas a entender la importancia de controlar cada céntimo que gastas. Vas a entender lo que cuesta contratar a alguien. La importancia de esa decisión, todo lo que estás apostando por esa persona. Y vas a entender lo que significa ser «el jefe». Ay, amigo, pasas a ser el malo de la película. Entenderás que necesitas rentabilizar el dinero que estás invirtiendo cada mes en esa persona, que te cuesta medio riñón pagar, y todo el buen rollo inicial se va por la ventana y empiezas a ser el enemigo.

Si te quejabas de lo que era tener un jefe, espérate a ver lo que significa convertirte en uno 

Es decir, que estarás más presionado. Has subido las apuestas. Cada euro tiene que salir de tu trabajo directo. Día que no trabajas, día que no generas euros. No subestimes el poder de la nómina a final de mes.

 

TENER LIBERTAD PARA HACER LO QUE DESEO, ES MÁGICO

Pensamos que trabajar por nuestra cuenta nos da la libertad creativa que deseamos. Que vamos, por fin, a dedicarnos a lo que nos apasiona.

Y es cierto hasta que llega el momento en que lo que a ti te apetece hacer, tiene que apetecerle a otro pagar por ello.

La magia desaparece cuando se empiezan a apilar las facturas.

Es como la diferencia entre ser el Chef y el dueño del restaurante. Si lo que te gusta es cocinar, entonces no seas el dueño del restaurante. Harás de todo menos cocinar.

Porque vendrán los agobios al no cumplir las previsiones de facturación. Entonces lo que quieres y amas hacer sale por la ventana, y lo que necesitas hacer para cobrar, se instala en el salón.

Porque cuando eres consciente de que todo lo que haces tiene consecuencias directas, que tirarte seis meses “creando” significa que todo ese tiempo no comes, entonces empezarás a aceptar trabajos que no te interesan para nada.

O a rebajar  tu creatividad porque tendrías que cobrar demasiado y los clientes se resisten a pagar más como gato panzarriba

 

POR FIN NADIE ME MANDARÁ HACER TAREAS DE MIER** (y no acaba en “coles”)

Un emprendedor es un hombre orquesta. Lo normal es que empieces sin dinero o con el dinero bien justito, y no te dé para contratar a los especialistas para cada aspecto de tu negocio.

No sólo tienes que diseñar o crear los productos y servicios de tu empresa – que parece lo único e indispensable -, sino que tendrás que diseñar y montar la web, los botones, los menús, los links, los banners, logos -e incluso carrito de la compra con todo lo que implica-, meter contenido, descripciones de productos y servicios; contratar un hosting y desesperarte con los plugins y los optins; hacer anuncios en Facebook, twitter, google ads, SEO, SEM y spm; hacer las previsiones financieras, controlar los gastos, contactar con proveedores, negociar, definir los procesos internos, cadena de valor, comunicación con los clientes, hacer las facturas y controlar los cobros, llevar las redes sociales, contestar las consultas… y no te digo si vas a hacer vídeos: grabarlos, editarlos, montarlos, subirlos a la plataforma… en fin, la cantidad de tareas que hay que llevar en el día a día de tu empresa unipersonal es bestial.

Y te aseguro que tendrás que empezar por hacer la gran mayoría, tú mismo. Es decir, vas a hacer tareas de miér…coles exactamente igual, sólo que no te las mandará nadie: te las mandarás tú mismo.

Y esto tiene un gran peligro: tú que pensaste que con las mismas 40 horas que dedicabas a tu trabajo por cuenta ajena, montarías tu chiringuito, te das cuenta que en realidad lo que te haría falta es trabajar 40 horas al día para sacar todo el trabajo adelante y estar facturando a final de año, como esperabas. 

Ahí empiezas a cometer dos errores: el de desconectar de la gente y el de robarle horas al sueño

Y entre unas cosas y otras, si no duermes, si no te tomas descansos, si no haces ejercicio ni comes como debes, empiezan los cambios de humor y los bloqueos. Los niveles de ansiedad y estrés suben

Nueve de cada diez dentistas no recomiendan mantener ese ritmo más de tres meses. 

 

SI MI PRODUCTO ES BUENO, LOS CLIENTES VENDRÁN

Aquí vienen las curvas. Permíteme que me explaye, porque esta es una buena.

Tienes tus productos, o servicios, que con toda la ilusión has diseñado, preparado, programado, etc.

Tienes una página web, y dentro tienes un blog; lo has llenado de optins, plugins, flyings y landings con mucho curring.

Tienes tu lista de correo, has abierto cuenta en Twitter, una fan page en Facebook… y hasta tienes seguidores (dígase fologuers) – de lo que presumes en las reuniones con tus amigos que no tienen ni pajolera idea de lo que haces ni de lo que hablas, pero a quien les sorprende y maravilla a la vez que haya 683 personas siguiendo lo que tuiteas.

Pero ay!, cuando llega el momento de que esa gente que con tanta fruición devora tus palabras, te abra el bolsillo…

oh-oh… surprise!

No lo hacen.

En ese momento te das cuenta de una dura verdad: los clientes no están haciendo cola en la puerta para comprarte cual día de inicio de rebajas en el Corte Inglés, que era como tú te lo habías imaginado.

Te das cuenta que eso de lo que siempre has huido, que te espanta hacer, que siempre dices que no sabes hacer… es, en realidad, la clave para que tu negocio funcione. Tienes que vender.

Y no sólo eso: si realmente quieres que te vaya bien, si estás dispuesto a vivir de tu negocio, a atraer clientes como la luz atrae a todos los bichillos que pululan por la casa y luego se quedan muertos dentro de la lámpara, las acciones de marketing y ventas deben ocupar al menos la mitad de tus esfuerzos (hay gurús del marketing que hablan de un 20% de creación y un 80% de marketing, por cierto. Yo te hago una rebaja.).

Es decir: todo lo que más te gustaba de tu trabajo, la creación, la libertad, el control… es un espejismo.

 

This is business. Y el business es pragmático, es medición, es productividad, es llevar las cuentas, es hacer previsiones, es negociar, es que te toque hacer tareas ingratas pero necesarias; es sacrificio y es mantener la cabeza fría.  

Es darte cuenta que las ideas no son lo importante: lo importante es cómo las gestionas y cómo logras sacar dinero con ellas.

Believe me, todo esto lo he aprendido a golpe de vivirlo. Cada error que se podía cometer, lo he cometido. Pero no me he rendido.

La única opción que te queda cuando algo no sale bien es proponerte y comprometerte a que la próxima vez, saldrá

Y pasas el duelo, te perdonas, y aprendes lo que tengas que aprender para cumplirlo.  

Porque en eso consiste la vida. Emprendedor o no, vas a cometer errores, vas a estar perdido, vas a dudar de ti mismo.

Pero cuando lo superas, cuando tiras para adelante, cuando aprendes lo que tienes que aprender para salir por el otro lado más fuerte, más sabio, con más ansias de lograrlo esta vez, es cuando te has ganado el derecho a estar en esa lista de gente que está en el camino del éxito.

Y si sabes que emprender es lo que te apetece, es lo que te pide el cuerpo, es lo que debes experimentar (no digo si estás preparado, porque eso no lo estamos nunca!); si sientes el fuego dentro, y sabes que cada fracaso, cada error, te va acercando a la lista del éxito, entonces:

BIENVENIDO!!!!! 

Vivirás a medio camino entre la Montaña Rusa, la Lanzadera y el Gusano Loco.

Pero tus errores serán sólo tuyos. Tus aciertos, orgullosamente tuyos.

Saborearás en directo el efecto que tiene tu trabajo en la sociedad. Alcanzarás la satisfacción con más facilidad. Verás cada día cómo creces, cómo aprendes, cómo algunas partes de ti que ni sabías que existieran, te dan las más hermosas sorpresas.

Yo, una vez que me he dado unas cuantas leches y que me he reconciliado con la idea de que emprender es vivir al borde del abismo… no lo cambiaría por nada del mundo. 

Fíjate que no hablo de capacidades. Que no hablo de tener un pelaje especial, un talante especial, o poderes sobrenaturales. Te aseguro que si yo he podido – que jamás he tenido el famoso *talante emprendedor*-, tú también puedes.

Pero siendo muy pragmático y poniendo las expectativas en su sitio.

Ahora te pregunto: ¿te ronda la idea de emprender? ¿qué crees que necesitas aprender, reforzar o manejar para poder ponerte en marcha? o si has emprendido, ¿dónde has fallado y qué has aprendido? espero que me lo cuentes en los comentarios 🙂

 

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