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Mel

 

Puede haber muchas razones por las que no estás a gusto con tu trabajo actual (o el trabajo que no tienes en este momento, pero estás buscando… aunque nada convencido porque sabes que no es lo que quieres).

Muchas de estas razones son externas: en la lotería de jefes, a ti ha tocado el psicópata, o has caído en el mal lado de la persona incorrecta, y te está haciendo la vida imposible, o te tienes que tirar dos horas en el coche para llegar y volver a casa, o le pagas más a la cuidadora por hora que lo que cobras tú, o la útima vez que aprendiste algo en tu trabajo fue el año que España ganó Eurovisión… o simplemente, jamás te gustó ni la carrera que estudiaste, por tanto trabajar en ello, te gusta igual de poco.

En fin, la lista sería inmensa, y seguro que esa es la razón que te dices a ti mismo cada vez que maldices el día que entraste en esa empresa, o que aceptaste ese puesto. Y si realmente esa es la razón, créeme que aunque ahora no lo parezca, estás de suerte: es la más fácil de cambiar. En serio.

Lo que pasa es que normalmente la razón no es externa, no es así de evidente. Normalmente la razón por la que queremos huir de nuestro trabajo, es interna. Es “de tripas p’adentro”.

Claro que también puede haber una razón externa como las que he mencionado antes, y es a lo que nos agarramos.

Pero muchas veces, no hay una razón externa aparente. A veces, estás en un trabajo, en una empresa, con unas condiciones, que a todas luces, son estupendas. A veces, incluso te gusta lo que haces.

Y aún así, tienes ese “jode-jode” dentro que de repente, una noche, te mantiene en vela.

 

Tienes esa sensación de “esto no es”

Esa intuición de “tiene que haber algo más”

 

Resulta que dentro de cada uno de nosotros hay dos personas diferentes (algunos tienen más, pero quedémonos con estas dos… ;). Y esto no es que lo diga yo, es que lo dicen unos tipos muy listos que son psicólogos, y yo te lo cuento 😉

Está nuestro yo externo/familiar o social

Este es el que está en contacto con el mundo que te rodea, el que observa lo que ocurre fuera, el que sigue las reglas, el que capta las expectativas de los demás, el que quiero encajar en “la tribu”– el que te impone el modelo social que te ha tocado vivir.

Y luego está nuestro yo interno/personal o esencial

Es donde viven nuestros impulsos naturales, nuestros instintos. Donde está la esencial de nuestra personalidad, nuestros anhelos y deseos.

 

De pequeños, estamos dominados por nuestro yo “esencial”. Somos puro instinto, no nos censuramos, somos pura búsqueda de satisfacer todo lo que deseamos, nos place y nos apetece.

Pero ya estamos los padres ahí para asegurarnos que eso no dure mucho.

Para ir reduciendo el espacio del yo “esencial” y aumentando el espacio del yo “social”.

Vamos imponiendo reglas, vamos limitando las posibilidades, vamos imponiendo nuestras expectativas, vamos introduciendo miedos… de manera que logramos que al ir creciendo, se vayan reprimiendo esos impulsos – que a menudo calificamos de “egoístas” -, y así seamos aceptados en el entorno familiar y social.

 

Eso nos hace personas tremendamente complacientes… y tremendamente alejados de lo que realmente deseamos y SOMOS en esencia. 

 

Y cuando empiezas a tomar las decisiones que te han llevado al punto en el que te encuentras ahora, las vas tomando basadas en lo que se espera que hagas, que sea algo útil, beneficioso y aceptable para tu entorno familiar y social.

Pero no necesariamente lo que tú en tu esencia deseas hacer. Lo que tiene sentido para ti. Lo que a ti te hace vibrar. Lo que te hace disfrutar.

Y un buen día, empiezas a escuchar de nuevo a tu instinto, esa voz a la que prácticamente no le haces caso, porque te han inculcado el patrón para tomar decisiones, y en él, tu instinto no juega ningún papel. Y resulta que lo que tu instinto te dice y lo que tú estás haciendo, no tiene nada que ver. Resulta que vives en absoluta INCOHERENCIA contigo mismo, con tu yo “esencial”.

Y esto, requiere mucho más coraje, ilusión y rebeldía que alejarte de un jefe psicópata.

Si en este momento te preguntas:

“¿Por qué estoy haciendo esto?, ¿Por qué es ESTO lo que tengo que hacer?”

y la respuesta HONESTA, profunda y real de esa pregunta es:

“Porque es lo que me enseñaron”, “Porque es lo que me dijeron que debía hacer” o “Porque es lo que pensé que los demás querían que hiciera”

sabrás que estás haciendo un papel en la obra de teatro de otros.

Pero si hay una voz que te está diciendo “tiene que haber algo más”, escúchala – es tu esencia pidiendo que dejes de interpretar el papel que te has creído que te tocaba interpretar, porque no es el que te corresponde.

 

[Si quieres saber dónde te llevaría tu yo esencial – qué trabajo, qué dirección profesional es la que realmente encaja contigo-, empieza por aquí:

 

 

 

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