¿Por qué no puedo conformarme con el trabajo que tengo?

Mel

Si me dices que llevas tiempo removiéndote en la silla de tu trabajo, inquieto, pensando «Tiene que haber algo más«; con ese vértigo de los domingos por la tarde cuando ves delante de ti toda la semana y piensas «No voy a poder«… te entiendo. 

Casi quince años fueron exactamente así para mí. 

Pero no todo el mundo se siente así por las mismas razones, no se puede generalizar y simplemente decir «pues cambia de trabajo» o «pues no busques ese mismo trabajo, busca otro«. Es más complicado de lo que parece, y eso es lo que quiero contarte hoy. 

Si te interesa el tema, dale PLAY!!

TRANSCRIPCIÓN

 

Puede haber muchas razones por las que no estás a gusto con tu trabajo actual (o el trabajo que no tienes en este momento, pero estás buscando… aunque nada convencido porque sabes que no es lo que quieres).

Muchas de estas razones son externas: en la lotería de jefes, a ti ha tocado el psicópata, o has caído en el mal lado de la persona incorrecta, y te está haciendo la vida imposible, o te tienes que tirar dos horas en el coche para llegar y volver a casa, o le pagas más a la cuidadora por hora que lo que cobras tú, o la útima vez que aprendiste algo en tu trabajo fue el año que España ganó Eurovisión… o simplemente, jamás te gustó ni la carrera que estudiaste, por tanto trabajar en ello, te gusta igual de poco.

En fin, la lista sería inmensa, y seguro que esa es la razón que te dices a ti mismo cada vez que maldices el día que entraste en esa empresa, o que aceptaste ese puesto. Y si realmente esa es la razón, créeme que aunque ahora no lo parezca, estás de suerte: es la más fácil de cambiar. En serio.

Lo que pasa es que normalmente la razón no es externa, no es así de evidente. Normalmente la razón por la que queremos huir de nuestro trabajo, es interna. Es “de tripas p’adentro”.

Claro que también puede haber una razón externa como las que he mencionado antes, y es a lo que nos agarramos.

Pero muchas veces, no hay una razón externa aparente. A veces, estás en un trabajo, en una empresa, con unas condiciones, que a todas luces, son estupendas. A veces, incluso te gusta lo que haces.

Y aún así, tienes ese “jode-jode” dentro que de repente, una noche, te mantiene en vela. 

Tienes esa sensación de “esto no es”.

Esa intuición de “tiene que haber algo más”.

Resulta que dentro de cada uno de nosotros hay dos personas diferentes (algunos tienen más, pero quedémonos con estas dos… ;). Y esto no es que lo diga yo, es que lo dicen unos tipos muy listos que son psicólogos, y yo te lo cuento 😉

Está nuestro yo externo/familiar o social

Este es el que está en contacto con el mundo que te rodea, el que observa lo que ocurre fuera, el que sigue las reglas, el que capta las expectativas de los demás, el que quiero encajar en “la tribu”– el que te impone el modelo social que te ha tocado vivir.

Y luego está nuestro yo interno/personal o esencial

Es donde viven nuestros impulsos naturales, nuestros instintos. Donde está la esencial de nuestra personalidad, nuestros anhelos y deseos.

De pequeños, estamos dominados por nuestro yo “esencial”. Somos puro instinto, no nos censuramos, somos pura búsqueda de satisfacer todo lo que deseamos, nos place y nos apetece.

Pero ya estamos los padres ahí para asegurarnos que eso no dure mucho.

Para ir reduciendo el espacio del yo “esencial” y aumentando el espacio del yo “social”.

Vamos imponiendo reglas, vamos limitando las posibilidades, vamos imponiendo nuestras expectativas, vamos introduciendo miedos… de manera que logramos que al ir creciendo, se vayan reprimiendo esos impulsos – que a menudo calificamos de “egoístas” -, y así seamos aceptados en el entorno familiar y social.

Eso nos hace personas tremendamente complacientes… y tremendamente alejados de lo que realmente deseamos y SOMOS en esencia. 

Y cuando empiezas a tomar las decisiones que te han llevado al punto en el que te encuentras ahora, las vas tomando basadas en lo que se espera que hagas, que sea algo útil, beneficioso y aceptable para tu entorno familiar y social.

Pero no necesariamente lo que tú en tu esencia deseas hacer. Lo que tiene sentido para ti. Lo que a ti te hace vibrar. Lo que te hace disfrutar.

Y un buen día, empiezas a escuchar de nuevo a tu instinto, esa voz a la que prácticamente no le haces caso, porque te han inculcado el patrón para tomar decisiones, y en él, tu instinto no juega ningún papel. Y resulta que lo que tu instinto te dice y lo que tú estás haciendo, no tiene nada que ver. Resulta que vives en absoluta INCOHERENCIA contigo mismo, con tu yo «esencial».

Y esto, requiere mucho más coraje, ilusión y rebeldía que alejarte de un jefe psicópata.

Si en este momento te preguntas:

“¿Por qué estoy haciendo esto?, ¿Por qué es ESTO lo que tengo que hacer?”

y la respuesta HONESTA, profunda y real de esa pregunta es:

“Porque es lo que me enseñaron”, “Porque es lo que me dijeron que debía hacer” o “Porque es lo que pensé que los demás querían que hiciera”

sabrás que estás haciendo un papel en la obra de teatro de otros.

Pero si hay una voz que te está diciendo “tiene que haber algo más”, escúchala – es tu esencia pidiendo que dejes de interpretar el papel que te has creído que te tocaba interpretar, porque no es el que te corresponde.

 

 

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7 comentarios

  1. Me siento muy identificada con la publicación ahora mismo me siento perdida llevo muchos años sin sentirme cómoda laboralmente y mi problema es que me siento bloqueada no se hacia donde avanzar.

  2. ¡Guau! Me ha encantado la explicación, María Luisa.
    Conozco de primera mano ese sentimiento de no saber qué pinto yo en ese trabajo y cómo he llegado hasta ahí.

    Por suerte, me atreví a conocerme a mí misma y decidir así dejar un trabajo de ingeniera que conseguí nada más acabar la carrera, a 15 minutos de casa de mis padres. Logré vencer el miedo y cambiar el trabajo por otro a 3000km, por el que tuve que mudarme y aprender alemán.

    Ahora de lo único que me arrepiento es de no haberme decidido a hacerlo antes.

    ¡Un saludo y no dejes de escribir!

    1. María Luisa Moreno Cobián dice:

      Cómo me alegro que te hayas sentido reflejada!
      Yo tengo ese mismo sentimiento – ¿por qué no lo hice antes? pero luego me doy cuenta que yo no habría sido la misma persona, no habría tenido las mismas experiencias, y es posible que mi camino hubiera sido muy diferente – y no necesariamente habría llegado antes donde estoy, que es lo que querría a fecha de hoy.
      Probablemente estaría en un sitio diferente, puede que nunca hubiera empezado a escribir un blog… quién sabe!
      Y en ese momento se me va esa sensación de arrepentimiento ;), porque en realidad en el camino que vamos andando nos vamos convirtiendo en la persona que necesitamos llegar a ser para alcanzar nuestros sueños…
      MIL gracias por pasarte, escribir y compartir un poco de tu historia!!! espero poder seguir leyéndote
      Un abrazo!
      ML

      1. Pues también tienes razón, si me hubiese decidido antes a emigrar, no sería quien soy ahora.

        Gracias por tu respuesta y esta pequeña reflexión.

        Nos leemos 😉

        Eva

  3. Totalmente de acuerdo, María Luisa.
    Esta es la lucha interna que tiene a muchas personas de este país pasando noches en vela y luchando por encontrar sentido a lo que hacen. Muchas veces, aun siendo conscientes de esto que dices, necesitan un último empujón que les ayude a creer que cambiar no es imposible, y que el cambio deseado es viable si se planifica y se lleva a cabo con paciencia. Esto requiere esfuerzo, por supuesto, pero se puede.
    Creo que tus artículos ayudan mucho en este sentido.

    Saludos.

  4. El chico recalculando dice:

    Fíjate que cada vez que oigo esa voz de «tiene que haber algo más», paso la noche en vela (ya son las cuatro de la mañana de un domingo).
    Y aunque no me sienta fatal como otras veces, no puedo parar de leer estas cosas, ni aunque tuviese ganas de ir al baño!

    Estoy intrigadísimo de saber por qué permití deliberadamente que mi «yo esencial» saliera en mi trabajo de preceptor, y me cuesta tanto que salga en mi rol de profesor. Digo que fue deliberado, porque acepté el trabajo de preceptor (sin NINGÚN tipo de expectativas), así renunciaba al de profesor en una escuela que ya no daba para más. Es decir, el mismo día saqué un clavo oxidado para meter un supuesto nuevo clavo. Y hoy mismo volví a arribar a la misma conclusión: puedo festejar 1 año como preceptor pero no 7 años como profesor. En cierta parte, es «doloroso». Porque ni loco hubiese aceptado ser preceptor, aunque ya tampoco quería ser profesor luego de un tiempo de haber empezado a trabajar profesionalmente.

    Aún hay muchas preguntas sin respuestas que fueron surgiendo a lo largo de los distintos post que has publicado. Son preguntas que rondan cada día por mi cabeza.

    Gracias por la posibilidad que nos das para reflexionar, y que increíblemente puedas leer nuestra mente cuando pasamos días no tan buenos.

    Saludos

    1. El chico recalculando dice:

      Me respondo a mí mismo, aunque no tenga ahorita mucho tiempo.

      Falta muy poquito para que termine un nuevo ciclo lectivo en Argentina, y cada día estoy más necesitado de libertad, de salir de este trabajo de porquería que estoy haciendo. Porque todo lo que dices que pasa, a mí me pasa, pero yo casi nunca decidí por lo que los demás querían de mí. He cometido uno o dos errores, que me condujeron por un camino que parece sin retorno o sin alternativas (la de trabajar por siempre en escuelas), y los he cometido porque no me conocía bien a mí mismo (con 17 años) o porque no conocía (ni conozco o me atrevo a conocer) mis talentos.
      Cada vez que termino una tarea escolar (profesor), a la que no puedo dedicarle más de 1 o 2 horas seguidas, porque empiezo a deprimirme u ofuscarme, me digo «Tengo que mandarle un mail a ML para que POR FAVOR me tenga en cuenta en el próximo POP» (ojalá esta vez el banco sí me apruebe la transferencia).
      Lo bueno de esta situación es que tiene fecha de vencimiento estimada: 1° de junio de 2018. Pero saberme trabajando hasta esa fecha, «me la re baja» (como dicen los jóvenes por acá). Quisiera que todo esto se termina YA, no puedo ya continuar ni siquiera esos meses.

      Pero el otro gran tema es qué hacer cuando ya no trabaje de eso, porque la comida y algunos impuestos hay que seguir pagándolos. Y eso me llena de incertidumbre, porque ante la pregunta hogareña «¿Y de qué vas a trabajar?», yo no sé qué decir! Muchas ideas re contra verdes, que no parecen realistas. Y encima, muchas veces, ni yo sé lo que quiero en verdad.

      Saludos

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