Forges

No creo que haya nadie que quiera tener un trabajo mediocre, mal pagado, sin alicientes, sin interés, con un jefe abusón y donde además le caigas mal a todos tus compañeros. Todos soñamos, con más o menos detalle, con más o menos ambición, con un trabajo que nos guste, en unas buenas condiciones y donde podamos crecer y aportar.

¿Y cuál es ese trabajo?

 Esa es la pregunta del millón.

Hoy voy a tratar de llevarte otro paso más allá para que puedas identificar cuál es ese trabajo “ideal” para ti. 

Presta atención, porque este artículo es bueno – hasta te lo traigo en vídeo -. Dale al play:

TRANSCRIPCIÓN

 

Aunque ahora me dedico a ayudar a los demás a llegar hasta su trabajo ideal, yo misma estuve muchos años en trabajos que no tenían nada que ver conmigo. Y mientras estaba en esa situación, desconocía cómo iba esto del “trabajo ideal”, y supongo que como la mayoría de la gente, mi planteamiento era pensar que si lograba mejores condiciones, supondría mayor felicidad…

Nada más lejos.

Te aseguro que las condiciones económicas y el nivel profesional al que llegué eran mucho mayores de lo que jamás pensé que lograría… y mi desesperación y frustración eran las mismas.

¿El problema? que buscaba algo… que ni sabía lo que era. Quería tener una carrera que me llenara de orgullo y satisfacción, hasta ahí estaba claro, pero ¿y eso qué pinta tiene, cómo se llama y dónde lo venden?

Al final, me llevó mogollón de años pero acabé por ponerle “nombre y apellido” al trabajo que me iba a dar la satisfacción profesional que yo anhelaba, y quién me iba a decir que gracias a eso, a mi propia travesía en el desierto, he podido ayudar a otros muchos a hacer ese mismo camino (aunque en mucho menos tiempo, de manera mucho más eficaz y sin tanta prueba-error!!)

Pues en estos años que me he dedicado precisamente a eso que puede parecer una quimera, me he dado cuenta que hay ciertas características comunes que todos necesitamos para que un trabajo nos dé el tipo de satisfacción necesaria para llamarlo “trabajo ideal” – y son TRES características:

 

En primer lugar, tiene que cubrir unas necesidades básicas

Todos sabemos lo que dijo un tipo muy listo que se llamaba Maslow: que mientras no tengas cubiertas las necesidades más básicas, no puedes subir al siguiente nivel de necesidades. Voy a partir de que la base de la pirámide, que es tener qué comer, con qué vestirte y un techo sobre tu cabeza, está cubierta.

Bien pues el siguiente nivel – que digamos son las necesidades básicas que tiene que cumplir un trabajo, son de este tipo: que cobres el mínimo que necesitas / no meterte cuatro horas de coche para ir y venir cada día al trabajo / no tirarte 12 horas metido en la oficina / no estar encerrado en un zulo…

Estas necesidades básicas TODOS necesitamos que las cumpla nuestro trabajo (hombre, siempre hay alguno con tendencias masoquistas, a ese le dejamos fuera de la estadística 😉

[Ojo: no digo que las condiciones tengan que ser las ideales desde el minuto cero. Todos los trabajos tienen fases y momentos duros]

 

En segundo lugar, necesitamos que nuestro trabajo sea interesante

Esto puede presentarse de muchas maneras distintas. Desde luego hablamos del fondo del trabajo en sí, pero hablamos también de la necesidad de tener un mínimo de libertad para tomar decisiones y para aportar en nuestro puesto.

Cualquier trabajo pura y meramente mecánico, que no requiere de ninguna decisión, que no plantea ningún reto o dificultad sobre la que podamos actuar nosotros directamente, tampoco nos dará la satisfacción que deseamos.

 

La tercera clave: tu jefe

Ay! el maldito Cariñena. Qué te voy a decir: la persona que tiene la responsabilidad directa sobre ti es absolutamente determinante.

Si tienes un jefe que te está facilitando estas otras necesidades, que te da una cierta libertad, que no se cuestiona todo lo que haces, que no te impide avanzar, punto positivo.

Si en cambio te ha tocado el psicópata, obsesivo compulsivo, que cambia de opinión a cada minuto, que no tiene visión ni te permite ninguna libertad… entonces, de nuevo, por mucho que el trabajo cumpla con los demás requisitos, estará muy lejos de ser “ideal“ para ti.

 

Vale, pues hasta aquí, es bastante universal y en realidad, intuitivo. Ahora es cuando se ponen las cosas más complicadas, cuando te preguntas:

 

¿Y qué trabajo cumple con estas tres características y es específico para MÍ?

 

Ahí es cuando patinamos. Porque resulta que nos falta lo más importante.

Nos faltan dos piezas que ya no son universales, sino que son específicas y sólo tuyas, que son las que harán que un trabajo sea el que encaje contigo o no.

Digamos que estas dos piezas que nos faltan son las que hacen el marco en el que tiene que encajar ese trabajo, y además es por donde hay que empezar. Sólo una vez que has puesto este marco es cuando puedes comenzar a buscar el trabajo que encaja con él, y que además, cumple con las 3 características que hemos mencionado.

Te lo voy a explicar con un ejemplo que tomo prestado porque creo que es muy gráfico.

Es como hacer un puzzle. Si te pones a coger piezas al azar, o pretendes empezar por el centro, se hace eterno y complicadísimo de montar. Pero si sigues la manera correcta de hacerlo, el proceso es  mucho más eficaz e intuitivo.

Yo es que soy una GRAN puzzleadora :palabro: y sé de lo que hablo 😉

La forma de hacerlo es empezar por localizar las 4 esquinas y después, todos los bordes. Sólo cuando el marco está hecho, puedes empezar a identificar colores y formas que te van dando pistas de cómo encajar las demás piezas. Pues cuando estás tratando de encontrar tu trabajo ideal, es igual.

Si te limitas a mirar en los portales de empleo a ver “qué te late”, si vas mandando CVs a lo que más o menos crees que puede encajar con tu perfil – es decir, si estás tratando de montar el puzzle cogiendo piezas al azar y sin seguir un patrón, la frustración y la ansiedad están aseguradas.

 

Por eso necesitas saber cómo montar ese marco que es tuyo, individual e intransferible.

 

En tu caso, las 4 esquinas son tus FORTALEZAS. Es aquello que se te da bien hacer. Es lo que de fábrica te ha tocado como habilidad natural – que cuando lo trabajas, lo mejoras y lo pules, se puede convertir en verdadero TALENTO.

Después de poner las esquinas, tienes que colocar los bordes del marco.

 

Y los bordes son tus VALORES.

¿Y qué incluyen? Pues esencialmente incluye las circunstancias en las que puedes hacer tu mejor trabajo, tus prioridades, tus intereses y curiosidades y el tipo de ayuda que quieres prestar en el mundo.

Es, en definitiva, aquello que es importante para ti.

Y pensarás que me he adelantado al decir que quieres prestar ayuda al  mundo: es que esta es una necesidad también bastante universal. Normalmente queremos que nuestro trabajo ayude a la gente de alguna manera.

Te aseguro que cuando pensamos en un trabajo que no sea un mero “trabajo alimenticio”, sino que sea el que se acerca a nuestro ideal y que nos llene de orgullo, detrás siempre suele estar el sentimiento de querer ayudar o aportar a la gente de alguna manera.

Pues sólo cuando tienes este marco montado es cuando puedes empezar a ver qué tipo de trabajo puede encajar dentro – porque mientras estés tratando de juntar piezas sueltas a boleo, hay muchas posibilidades de que no des con la respuesta que buscas.

Y verás: puedes encontrar un trabajo que cumpla con todas las características básicas: en el que cobres bien, que esté cerca de casa, con compañeros súper majetes y un jefe que te da rienda suelta.

Desde fuera puedes decir a todas luces, que has tenido éxito. Que has alcanzado tus objetivos.

Y aún así puede que tengas un jode-jode dentro, una sensación de que algo falta. Un “¿es esto todo?”.

 

Porque si ese trabajo no está dentro de tu marco, no está basado en aquello que despierta tu pasión y que tiene sentido para ti; si no sientes que tu trabajo está aportando valor a la gente como tú quieres, si no estás creciendo… te faltará esa satisfacción, esa realización personal que es la que da sentido a lo que haces y llenan tu corazón.

 

Ahora puedes ver qué piezas te están fallando. 

 

 

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