Seleccionar página
3757db708

Montt

 

Una de las cosas que más me maravilla de mi pitufa (una de las muchísimas cosas) es que para ella en este momento, todo es posible. Es posible que haya un ratón que se suba a las camas de los niños y vaya recogiendo sus dentaduras a plazos, y dejando a cambio monedas. Es posible que una gomita rosa puesta en un dedo de la mano se convierta en un “comunicador entre amigas”, con el que ella asegura que se hablan de un lado al otro del patio… y se mandan mensajes.

Es posible ser un tigre, Darth Vader, una madre, un ninja, una policía y una bailarina… en cuestión de cinco minutos.

Es posible escribir en un papel todo aquello que deseas, y saber que tres Reyes mágicos e invisibles, subidos a sus camellos mágicos e invisibles, lo van a hacer realidad.

Todos fuimos así, pero nos hicimos adultos, y entonces… nos retiramos el permiso de soñar con lo que podría ser. Nos quitamos el permiso de escribir a los Reyes Magos para contarles lo buenos que hemos sido este año, lo que hemos currado, las embestidas que hemos tenido que aguantar, y abrirles el corazón de nuestros deseos.

Y soñar con lo que queremos lograr el año próximo, y el siguiente. Soñar con esa vida que anhelamos. Soñar con todo lo que podríamos conseguir, alcanzar, mejorar, VIVIR.

En cambio, nos hemos encargado de enterrar nuestros deseos bajo cinco llaves y siete candados, “no sea que”.

No sea que alguien se moleste porque lo que más deseas es dejar tu cómodo trabajo alimenticio que te tiene prisionero –“No te quejes, que tienes trabajo, mira a toda la gente que lo está pasando mal” -, y dedicarte a algo aunque no tenga nada que ver… que despierte alguna emoción dentro de ti.

No sea que alguien se ofenda porque la vida que han decidido para ti, no es la que tú quieres vivir.

No sea que te ilusiones, y luego no vayan las cosas como quieres. Y mucho peor la decepción de intentar y fallar que no intentarlo nunca, no?

 

Y por eso, cuando nos hacemos mayores, ya no nos damos permiso.

 

Porque nos dejamos atrapar por nuestros miedos. “Y si fallo?”, “y si hago el ridículo?”, “y si me arriesgo y luego no lo consigo?”, “y si me ilusiono para nada?”; “esto no es para mí”, “nadie entendería que yo hiciera esto”, “yo no tengo los contactos / la fuerza de voluntad / la formación / la experiencia / la juventud…”

Pero ¿te imaginas un bebé de un año tratando de aprender a andar, que a la primera que se cayera le dijeras: “Esto no es para ti”, o “mejor deja de intentarlo no sea que te hagas daño”?

¿Le criticarías por no lograrlo a la primera? ¿le juzgarías si pasados dos meses aún no ha conseguido andar? ¿le llamarías inútil o torpe?

Y cuando vaya a tirarse por primera vez por un tobogán y le dé miedo, le dirías: “Haz caso al miedo, no te arriesgues, mejor quédate sentado en la arena que no hay ningún peligro”?

Entonces, ¿por qué contigo sí lo haces? ¿por qué permites que el miedo, las ideas preconcebidas de lo que crees que mereces, lo que puedes perseguir, lo que puedes lograr, estén tomando las decisiones por ti?

Y así nos pasa, que vivimos la vida en piloto automático, sin dar espacio a nuestros sueños, sin plantearte el “para qué” de lo que haces. Nos dejamos atrapar por el trabajo alimenticio que se nos puso delante, por la trampa de la seguridad aparente de una nómina a final de mes… hasta que un día miras alrededor y te das cuenta que tú no quieres ese trabajo, y que no te reconoces a ti mismo en esa carrera.

Y te das cuenta que han pasado los años y te has dejado manejar por tus miedos, y por lo que otros te han ido diciendo que era lo mejor para ti… pero en ningún momento te has dado permiso para pararte a pensar qué es lo que quieres TÚ.

Y es que DEBES decir: “YO quiero ESTO”. Y no someterlo a lo que crees que mereces, o si es posible, si te va a costar más o menos, si te da miedo…

 

Debes dejar de sobreprotegerte. Dejar de darle tanta cancha al miedo, y lanzarte por el tobogán.

 

No puedes seguir pensando que tienes todo el tiempo del mundo, que ya lo harás cuando las cosas estén mejor, porque no es así: el tiempo no vuelve.

Todo el tiempo que pases sin tomar la decisión de qué es lo que TÚ quieres – qué es lo que tu corazón sueña, ese tiempo no vuelve.

Sé que tomar decisiones es difícil, sé lo que es sentir el miedo instalado en el estómago… pero limitarte a no tomar ninguna decisión ES tomar la decisión de no hacer nada.

Si decides que vas a darte permiso para escribir a los Reyes Magos y empezar a tener una vida profesional (y personal) mucho más satisfactoria y plena… ¡sigue las baldosas amarillas!: puedes empezar por dejarme

> > A Q U Í < <

tu email para que sigamos hablando del tema 😉

FIRMA_PAG-SOBRE-MI

 

 

¿Te ha gustado? Pues recibe mis próximos artículos e información extra que comparto sólo con mis suscriptores, gratis:

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest

Si te ha gustado, sería genial que lo compartas!

Shares