Laura y Dino 084

Montt

 

Hoy me apetece mucho hablar del segundo tema (siendo el primero, el desarrollo profesional, por si hay dudas 😉 ) del que más sé – o más bien, estoy aprendiendo a marchas forzadas -: emprender.

En un momento en el que mucha gente se desespera porque no logra el trabajo que quiere, veo que cada vez más a menudo la salida que toman es emprender.

No estoy hablando de hacer trabajos como freelance, de impartir formación o dar charlas. Estoy hablando de tener tus productos y/o servicios, y venderlos al mercado.

Hablo de montar una empresa de eventos, empresa de organización de bodas, de montarte como (coge aire) coach de desarrollo personal, coach de desarrollo profesional, coach de alto rendimiento personal, coach de madres emprendedoras, coach nutricional, coach de productividad personal, coach de liderazgo, coach de marca personal, coach de comunicación, coach de emprendedores, coach digital, coach de felicidad, coach educativo (y esto es sólo el principio), de diseñar apps, de montar un centro de yoga, de montar una consultoría de RRHH/captación de talento/retención de talento/desarrollo de talento/explosión del talento/estrategia de talento (la palabra comodín del siglo: talento), de montarte como consultor de marketing digital/social media/SEO/SEM/content curator/CM, diseñador web, de montar una startup de descuentos y cupones, de vender infoproductos, de montar una red de mujeres profesionales, una web que te saca tu CV en colores/en 3D/en vídeo/con música/con diagramas, un e-commerce, etc.

Y cualquiera puede emprender pero no cualquiera es capaz de lograr comodidad financiera emprendiendo.

Ocurre que, entre que estamos en el “Siglo de las Estrecheces Laborales”, que internet es un medio muy barato para montar tu chiringuito, y que todo el mundo suelta perlas como “haz de tu hobby tu trabajo” y “si trabajas en lo que amas, no trabajarás ni un día de tu vida” -y nos las vamos creyendo-, más y más gente está haciendo de lo que sabe, lo que le gusta o lo que se le da bien hacer, un negocio. Cada vez más gente se lanza a emprender.

Y no te voy a hablar de las cargas fiscales o impositivas. Lo que te voy a contar, porque nadie parece querer ponerle el cascabel al gato, es que la gran mayoría de esta gente no tiene lo que tiene que tener para ser emprendedor. Demonios, yo la primera! y por eso me doy perfecta cuenta de la diferencia entre yo misma y quien es de verdad, en esencia, en su ADN, emprendedor.

 

El verdadero emprendedor

El verdadero emprendedor, que yo diría que no es más que un 20% de la gente que habitamos este ecosistema, es alguien que no es capaz de hacer otra cosa que no sea emprender.

Es alguien que realmente no encaja trabajando por cuenta ajena. Más que la idea concreta o el negocio concreto que desarrolla, es alguien que necesita desarrollar cosas, necesita dar soluciones a las necesidades que identifica – necesita montar negocios.

Es alguien que no habla de las caídas o los errores porque no son nada especial o diferenciador: son parte orgánica y natural del proceso de emprender.

Es alguien que está metido en esto en el largo plazo. No para que funcione este negocio concreto que están haciendo, porque cuando acabe este pasarán al siguiente, y al siguiente, y luego al siguiente. Su trabajo no es el negocio concreto, su trabajo es ser emprendedor.

Es alguien que, aunque está enfocadísimo en el resultado, básicamente lo que AMA es el proceso.

Son probablemente los únicos que tienen verdaderas posibilidades de hacerse millonarios con lo que hacen porque o lo lograrán o morirán con las botas puestas.

El no-emprendedor

En el otro espectro del ecosistema hay un 20% de gente que emprende más por desesperación que por otra cosa.

Que no le acaba de convencer, no se siente especialmente capacitado o motivado, pero se encuentra acorralado, nada más funciona, y siente que no tiene otra opción.

No voy a hablar aquí de los resultados que pueda o no conseguir, pero lo más seguro es que quien se encuentre en este grupo, a la más mínima oportunidad, va a abandonar este camino para volver a la “seguridad” (con muchííííííííííísimas comillas) de la empresa privada.

El que tiene tendencias emprendedoras

Luego hay gente que tiene tendencias emprendedoras. Entre estos me considero yo.

Emprender no lo llevamos en el ADN pero tenemos querencia, tenemos ideas que queremos desarrollar, tenemos el gusanillo de probarlo, nos atrae la libertad y el poder personal de tomar todas las decisiones (que por cierto, en su cara B tiene la canción “Y la presión de cargar con todas las culpas”).

Somos el grupo más abultado del ecosistema, puede que un 60% de los que lo habitamos. Las cifras son mi percepción, por si hay alguien muy tiqusmiquis, no están basadas en estadísticas oficiales. Y claro, en ese 60% hay muchas “sombras de gris” 😉

Como no contamos con la potencia, la habilidad y el adn que tiene el emprendedor de pura cepa, hay que compensarlo con otras muchas competencias y hay que desarrollar un pelaje parecido con el que cobijarse en invierno.

Y aquí empieza a moverse el barco: hay gente que logra sacar la tenacidad, la tozudez, la resiliencia, el aprendizaje constante, la falta de sueño, la falta de vida social, el equilibrio entre costes de oportunidad, y la garra para VENDER que esta aventura exige…

y gente que no.

Fíjate que no te he dicho: “hay gente que tiene una mejor idea que otros”. La posibilidad de que tengas una idea de negocio genuinamente genial en sí misma es… bueno, cercana a cero.

Todo el que ha emprendido alguna vez sabe esta máxima: lo importante no es la idea, lo importante es el desarrollo y gestión de esa idea.

Aquí nos encontramos con todo tipo de profesionales: desde el que tiene una profesión o unos estudios, que como no logra “colocar” en ninguna empresa, trata de venderlos por su cuenta a los particulares, hasta el que tiene una idea de negocio y forma de conseguir algo de dinero para ponerla en marcha, pasando por el que tiene un amigo que está montando algo y “se sube al carro”, etc.

Caben todos los tipos y formas posibles -para muestra, la lista que he hecho al principio que sólo debe ser un 1% de lo que hay-.

Y de todos ellos, los que puedo predecir que tendrán más posibilidades de éxito son los que desde el primer momento, desde el minuto cero, tengan habilidad y meridianamente claro que el trabajo número uno de un emprendedor es VENDER.

Lo importante no es la idea, el producto o el servicio. Lo importante es que si no vendes, si no tienes resultados financieros sostenibles en el tiempo, no tienes un negocio: tienes un hobby.

Los que estamos en este grupo es muy probable que no nos vayamos a hacer millonarios, pero quien logre mirar hacia el largo plazo, quien realmente se comprometa y sea capaz de convertirse en el tipo de persona que puede tener éxito emprendiendo, es muy posible que logre hacerse con un salario decente para vivir mediana o realmente bien.

Y todos los demás, volverán a la empresa privada, o volverán a estudiar otra cosa, porque una de las cosas que distingue a los que están en este abultado grupo, es que no entienden los fracasos y los errores como los del primero: se lo toman como algo personal y normalmente se bloquean – porque cuando su servicio o su producto no ha funcionado, en realidad, no tienen otro alternativo, no tienen ideas o contenidos para iterar el proceso.

En resumidas cuentas, por mi experiencia y la que cuentan decenas y decenas de emprendedores a quienes sigo para aprender todo lo que necesito de su éxito y así lograrlo yo también, emprender supone:

 

Dejarte la piel

Literalmente. Pasas de trabajar 40 horas a la semana para otra persona, a trabajar 60 horas a la semana para muchas personas (tus clientes). Y si no lo estás haciendo así, una de dos: o no tienes la ambición de querer llegar a tener ÉXITO -muy respetable, y si así te está funcionando, ole por ti-, o te estás engañando.

Esto es probablemente lo que más puede marcar la diferencia entre emprendedores: la capacidad de trabajo, esfuerzo, perseverancia y sacrificio. Que nadie te engañe.

Y lo de “Si trabajas en lo que amas no trabajarás ni un día” es una falacia y además me fastidia sobremanera escucharlo. Yo trabajo en lo que amo, y os aseguro que ES trabajo. Diario.

En absolutamente todos los trabajos hay cosas que nos gustan más y nos gustan menos, y especialmente cuando estás emprendiendo, que tienes que ser hombre orquesta, va a haber MUCHAS cosas que no te gusten, no te apetezcan, no se te den bien o simplemente preferirías no tener que hacer. Y también, en mayor o menor medida, podrás hacer aquello que le da sentido a todo: lo que te hace feliz hacer. Pero será una parte. Puede que pequeña.

¿Que vas a estar más feliz y satisfecho que nunca? Con un poco de suerte, sí. Pero te aseguro que ES trabajo, es mucho trabajo, y se siente como trabajo.

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Vender, vender, vender, vender

Si lo que te gusta es hacer cupcakes, no necesariamente te va a gustar montar un negocio de cupcakes, porque cuando tienes un negocio, tu trabajo es vender – hacer los cupcakes puedes hasta subcontratarlo 😉

Solemos tener la idea romántica de que con tener un buen producto, o un buen servicio, se va a vender solo – nada más lejos. Tendrás que hacer esfuerzos hercúleos para vender y además tendrás que hacerlo todos los días – porque no te vale con hacer un gran lanzamiento de tu producto, vender mucho…. y ya no más.

Además te voy a contar un secreto: a la gente no le gusta que le vendan. O sea que encima, vas a tener que aprender “los caminos del vendedor sibilino pero eficaz”. Get ready.

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Tendrás que transformarte

No como los de la serie V, de persona a lagarto y viceversa, pero casi. Puedo apostar que lo que sabes ahora y las competencias que tienes en este momento, no son (todas) las que necesitas para tener éxito en tu negocio.

Puede que sepas que quieres usar internet para posicionarte y vender tus productos y servicios… pero lo único que tienes es tu cuenta de Facebook personal desde hace más de 10 años. Pues a aprender del mundo digital que te toca. Puede que no sepas nada de temas financieros – pues a aprender toca por mucho que subcontrates la contabilidad y pago de impuestos, porque eres tú quien debes saber en todo momento qué pasa con cada euro en tu empresa.

Puede que no sepas nada de marketing – pues empieza a aprender YA. El paso previo y necesario de la venta, es el marketing. Sin marketing, ni Perry va a conocerte a ti o tus productos, ergo no vas a hacer caja ni loco.

Y así sucesivamente. Emprender es embarcarse en el aprendizaje continuo, urgente, crudo y práctico.

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Probablemente te aísles

Si eres el único emprendedor en tu entorno, las conversaciones sobre temas de trabajo empezarán por ser raras y pasarán a ser escasas.

Quien no ha emprendido no puede entender lo que hay detrás ni lo que implica. Te dirán que tienes mucha “suerte” de ser tu propio jefe. Te dirán que ahora tienes “libertad”.

Te sentirás incomprendido porque no ven el precio que pagas por esos preciados dones: la inseguridad de si facturarás este mes. La presión de que todo depende de ti. La angustia cuando llegan las vacaciones y todos se relajan y disfrutan, pero tú no puedes parar de pensar que bajas la producción, que bajas las ventas: que tu negocio retrocede con las vacaciones. Los impagos. Las campañas de marketing. La tecnología que falla. Las horas que le faltan al día. Las noches en vela.

No es este un artículo para disuadir a nadie de emprender, pero sí para dar una visión real de algunas cosas que hay detrás de la cortina porque me llega mucha gente muy rebotada de un intento de emprender o barajándolo como opción “in extremis“, o incluso pidiendo consejo porque después de dos años no han conseguido despegar, y quería aportar mi visión de esta realidad.

Y dicho todo esto, te diré que yo no lo cambiaría en este momento por nada en el mundo.

Si ahora tuviera que volver a trabajar por cuenta ajena porque desaparece internet en el mundo, estoy convencida que no volvería a encontrar la felicidad y satisfacción que la empresa que estoy levantando con el sudor de mi frente me está aportando.

Para todo lo demás… fuerza y valor

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