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Creo que hay algo para lo que estás aquí –en el mundo- y algo para lo que no estás aquí.

No estás aquí (en este planeta, ocupando un sitio y consumiendo oxígeno) para SUFRIR.

Ojo que no he dicho sentir dolor sino sufrir, que son dos cosas muy diferentes.

Sentir dolor, pena, tristeza, no hay que ocultarlo, no hay que ponerle maquillaje: estás vivo, eres humano y tienes sentimientos – y esos sentimientos tienes que sentirlos, tienes que pasarlos y aprender de ellos-, y GRACIAS porque si los sientes es que estás muy VIVO.

Dolor vas a sentir a lo largo de la vida. Y hasta puede que mucho, porque así es la vida de maravillosa pero de capulla a la vez.

Ese dolor que se siente en el cuerpo cuando pierdes a alguien que quieres, cuando te echan de tu trabajo, cuando un hijo se hace daño. Ese dolor se siente en la boca estómago, en el pecho, en la garganta. Cuando perdí a mi padre yo tenía 19 años, y te aseguro que durante muchos años, sentía dolor físico en el corazón cada vez que pensaba en él.

El dolor no lo puedes evitar. Está ahí. Y está para algo.

Lo que sí puedes evitar es sufrir para nada.

Ese sufrir que provocamos nosotros, el de  alargaaaaaaar ese dolor. Regodearte en el dolor, hacerte víctima, machacarte con el “por qué a mí”, “nadie me contrata”, “lo peor siempre me pasa a mí”.

No te han dado este turno en el planeta para que lo pases sufriendo.

Y ahora viene lo bueno: sé para qué SÍ estás aquí.

Hay algo para lo que estás aquí. No me refiero a que tengas una misión secreta como Ethan Hunt, pero lo cierto es que estás aquí porque tu espermatozoide venció a otros 249.999.999 que perseguían el mismo objetivo. Los demás no lo lograron, el tuyo, sí. El tuyo es especial. Tú eres especial.

Y con esa forma especial y distinta que tienes de ser, hay algo que estás aquí para hacer -toma nota que vienen deberes-:

Estás aquí para buscar TU felicidad. Tu felicidad especial, distinta, sólo aplicable a ti.

Nadie puede decirte qué forma tiene esa felicidad. Si está en un puesto directivo, si está montando un negocio, si está de cooperante en Somalia, si está dedicándole 10 minutos a meditar cada mañana.

Tu felicidad es TUYA. Es maravillosamente tuya la decisión de qué forma tiene, qué color, a qué debe saber y cómo se debe sentir.

Y esa felicidad no se alcanza por desearla fuerte-fuerte-fuerte… y quedarte sentado esperando a que aparezca como los que revisan los contadores del agua -que aparecen cuando menos te lo esperas ;)-

La felicidad no llega: la felicidad se persigue. La felicidad se decide y se TRABAJA. 

Y hablando de trabajar: una parte MUY importante de esa felicidad la encuentras cuando te dedicas a algo que te satisface, que te permite desarrollarte y que te importa. Que son las tres necesidades básicas del corazón.

Llámalo buscar tu pasión o tu elemento. Llámalo contestar la llamada que llevas dentro.

Llámalo como quieras; para mí, lo que significa es que persigas dedicarte a algo que despierta tu curiosidad y te permite tener las experiencias que quieres, que ayuda a tu crecimiento personal y que te hace sentir que importa, que estás aportando algo.

No hay mayor agonía que la de cargar con una historia sin contar dentro de ti ~ Maya Angelou

Llámame romántica, pero creo firmemente que lo que vivimos a través de nuestro trabajo – al volcarnos en aportar, en avanzar hacia un objetivo, en retar nuestros límites, en dar lo mejor de nosotros mismos -, es una de las cosas más alucinantes que podemos hacer durante el ratico que vamos a pasar en el planeta.

En cualquiera de los casos, lo que NO ES, es que te contentes con un trabajo en el que te estás dejando morir. En el que estás (véase lo que decíamos al principio) sufriendo.

Si ahora estás aguantando estoicamente en un trabajo que ha dejado de tener sentido para ti, en el que estás malgastando tu potencial, donde no eres “tú”, no eres auténtico… no te engañes pensando que puedes sentirte desaprovechado, deprimido e insatisfecho de 09:00 a 18:00… y que a las 18:05 puedes encender el botón de la felicidad y llegar contentísimo a casa.

Eres sólo UNA persona y, que yo sepa, no puedes hacer una mitosis celular y separar tu yo feliz de tu yo infeliz.

A lo mejor estás pensando que tienes toda la vida por delante. Que tienes suficiente pasión, potencial y ganas para cuando estén mejor las cosas. Para cuando pagues la hipoteca. Para cuando superemos la crisis. Para cuando se te pase el miedo.

Pero entiende esto: la pasión que no se expresa se debilita. 

Si donde vas a encontrar esa felicidad no es donde estás ahora, jamás te diría que lo dejes todo “para perseguir tu pasión” pero sí que hagas un plan y que busques la manera de ir avanzando cada día, aunque sólo sea una hora al día, hasta que llegues donde quieres estar.

Porque te aseguro que tu corazón no se va a callar por mucho que lo tapes. Tu corazón no se conforma con sobrevivir, quiere VIVIR.

Y sólo vas a jugar este partido una vez. No hay repeticiones, no hay partido de vuelta no hay ni minutos de descuento. Sólo una vez: esta vez, o sea que tienes que conseguir que CUENTE.

Fuerza y valor.

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